Mayo 26, 2019

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Los pasados 9 al 11 de mayo tuvo lugar el IV Congreso Global de Parlamento y Fe 2019, en la ciudad de Gramado, Estado de Río Grande del Sur (Brasil), en la Cámara de Concejales de dicho Municipio.

Líderes políticos y evangélicos de casi todos los países iberoamericanos se reunieron allí para tratar diferentes cuestiones relacionadas con los temas más actuales.

Entre ellos, la única ponente española fue Susana Macias (AESVIDA), que aportó información y experiencia sobre los campos en los que ella trabaja, la ayuda a la mujer en crisis, especialmente en el embarazo no deseado y cómo tratar el síndrome posaborto.

Parlamento & Fe existe para compartir y hacer discípulos de Jesucristo en el mundo de la política.  Fundada por el argentino Luciano Bongarra, en el 2008, trabaja en más de 30 países, como Uruguay, Paraguay, Perú, Brasil, Argentina, España, Rusia, EEUU, Italia, etc.

El objetivo principal de P&FE no es cambiar las leyes, sino el corazón de los legisladores por medio del Evangelio.

OTRAS PARTICIPACIONES

Los asistentes fueron motivados, animados y retados por los diferentes ponentes. como el pastor norteamericano Matthew Barnes, fundador de Public Servants Of Prayer, que habló de la importancia de la oración para influir en el mundo de la política. Andrés Panasuik de Argentina, fundador del Instituto para la Cultura Financiera expuso cómo transformar con excelencia. Eric Turnes, quien fue miembro de la Cámara de Representantes de Indiana, contó acerca de los aciertos y errores en la experiencia de EEUU; Garil Kurginian, obispo y miembro de la Cámara de la KCR en Rusia, retó a evangelizar políticos en países no evangelizados.

Por su parte el pastor Edward Da Luz, presidente de Novas Tribus en Brasil, habló sobre el escenario político como campo misionero. Gerardo Amarilla, quien fue electo presidente de la Cámara de Representantes en Uruguay nos explicó la importancia de tener una cosmovisión bíblica. Napoleón Ardaya, ex Diputado Nacional en el país de Bolivia, que cerró la conferencia con su ponencia.

A ellos se añadió el pastor Olavi Nunes Neto, de Porto Alegre, Brasil que dijo cómo guardar el corazón.  Otra ponente fue Pamela Rusell de EEUU (Public Servants Of Prayer), que aportó su visión del poder de la oración en la vida pública.

Hubo además participantes de la vida política de diversos países como el que fue Senador de Italia, Doménico Scilipóti; el Diputado Claudio Cingolani; la Diputada Federal brasileña Liziane Bayer; los Diputados estatales: Thiago Simon, Franciane Bayer y Kennedy Nunes; la Concejala Manu Costa, etc.

La entrada Susana Macías, ponente en el Congreso Global de Parlamento y Fe se publicó primero en Noticias Cristianas.

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José Luis Villacañas Berlanga propuso unas reflexiones en una conferencia en Sevilla sobre la obra fundamental de Bucero, De Regno, considerando la cual compartí con un profesor de historia en un seminario evangélico, que se podía considerar lo expuesto como un esquema para todo un semestre de análisis en cualquier centro de teología protestante. Tiene nuestro autor una mirada compleja sobre la compleja realidad, y esa es la única manera de poder “ver” algo. Poco que ver con el moderno estilo evangélico de tuis y frasecitas con los que se pretende edificar el complejo edificio de la casa de Dios, o derribar el complejo edificio de la casa del diablo.

Cuando aquello del 5º centenario de la Reforma (¿qué habrá sido de aquello?), algunos posaron por vez primera sus ojos en unas pocas páginas sobre la Reforma, otros posaron como líderes evangélicos, hablando aquí y allí de las “cinco solas”, sin pararse ni cinco minutos en la naturaleza de aquello que se celebraba. En ese 2017 apareció el primer volumen, 623 páginas, de Imperio, Reforma y Modernidad, dedicado a la “revolución intelectual de Lutero” (Guillermo Escolar Editor); quedamos, todavía, a la espera del segundo volumen que tratará “la constelación moderna: las bases de la confesionalización reformada y católica”. Resumir un libro (¡la primera parte!) de tal complejidad y riqueza de contenido es imposible en poco espacio. Se necesitarían al menos tres secciones para cubrir algo de las tres en las que el libro se divide: el imperio, los humanistas y los reformadores. De todos modos, aquí les pondré algunas notas, aunque solo sea para recordar que el libro está ahí, y que es valioso.

Empiezo por el comienzo. El profesor Villacañas dice que el “libro está escrito bajo la atmósfera emotiva” de su infancia. Se refiere a un episodio mientras estudiaba con los jesuitas de Úbeda, donde el profesor sacó a burla pública a un “garbanzo negro”, un muchacho protestante, al que durante varios minutos todos los alumnos debían gritar (como insulto, se supone) lo que el chico era: ¡protestante, protestante…! Al comentar el episodio con su padre, le refirió que eso era común, según él conocía por su amigo, el pastor Roque, de la iglesia en la Carretera El Trillo. (No sé si, aunque sea solo por este dato, el hijo de ese pastor, José Pablo Sánchez, el que presenta ya de tiempo inmemorial el programa evangélico de TVE, habrá leído el libro.) En su caminar con el referente de la Reforma Protestante, dedica el libro y recuerda la amistad edificante con el profesor Antonio Rivera García, escuchando al cual “ha aprendido de Lutero y Calvino mucho más de lo que pueda demostrar con menciones a pie de página”. Y cómo me paro yo aquí sin recordar que ambos han sido instrumentos de edificación extraordinaria en mi propia existencia como redimido. Por los dos he conocido mejor a mi Señor, he conocido mejor el evangelio que predico.

Veo que tengo demasiadas notas, así que las acorto como pueda. Inicio con una sobre la reforma radical. Un poco a lo bruto, se trataba de concluir que, si en Cristo tenemos justicia y santidad, eso significa que “somos” justos y santos, así que lo que hacemos es justo y santo (nada de ese “miserable de mí” de Pablo). “En este sentido, los radicales tomaron en serio, como su propia premisa, la idea romana de iglesia como instituto perfecto de salvación y asumieron la indiferencia entre la iglesia visible y la invisible, algo que de facto caracterizaba a la santa desde antiguo. Así, como en la iglesia romana, los sacramentos –se interpretaran como se interpretaran, como acontecimientos espirituales- tenían relevancia política inmediata para los radicales. La comunidad eclesial de los santos ahora heredaba la plenitudo potestatis papae, la reocupaba por entero. Este argumento les llevó a oponerse al bautismo de los niños, algo que venía recomendado por la imposibilidad de aceptar una ciudadanía pasiva, como la de los infantes. Como antaño ocurría para el papa, también para Müntzer Dios daba a la comunidad el poder de la espada y el poder de remitir los pecados… En tanto que herederos de la plenitudo potestatis papae, si bien interpretada de modo directo comunitario, los radicales muestran su faz medieval, que los distingue del espíritu de las distinciones modernas luteranas… La experiencia de Lutero es de otra naturaleza, como lo será la de Calvino. Para ambos, la comunidad política es completamente contingente desde el punto de vista teológico. Formaba parte de la facticidad histórica querida por Dios. Con ella se debía de contar… De este modo, la reforma magisterial asumió la perspectiva adecuada para hacerse cargo de la diferencia histórica temporal, sin exigencias de homogeneidad política plena, sin aplicar al tiempo presente las categorías propias del tiempo salvífico posterior al apocalipsis… La libertad cristiana, la gracia y la fe eran parte de la existencia humana, pero no la totalidad de la existencia, que todavía debía desplegarse en la temporalidad de la carne… La igualdad, la justicia y el orden para los reformadores magisteriales eran siempre relativos y no implicaban el mismo destino religioso.” (p. 449-502)

Sobre la formación del estado moderno con su raíz protestante. “La evolución real hizo necesario pensar algún principio cooperativo entre comunidad eclesial y poder político que hizo imposible reeditar los viejos tiempos de Isabel I, que el Leviatán tenía en mente. A ese principio cooperativo interno de fuerzas, que hacia fuera aparecerá como estado, llamo el régimen moderno de la división de poderes. Tras la aparente fachada simple y sencilla del estado, con su imaginario de soberanía, se esconde una realidad compleja que en el fondo se puede describir como división de poderes regulada por un régimen de cooperación entre ellos. Esa realidad compleja de diferenciación y cooperación no se abre paso sino en los países reformados y, a pesar de las apariencias externas, no puede confundirse con la evolución de los dispositivos de poder de los países católicos… Dentro de ese régimen, debemos prestar atención especial a la confesión, que representa la lógica completamente diferente del imaginario que reúne en un solo centro la autoridad religiosa y la secular y que desde luego no tiene nada que ver con la neutralización de la religión al terreno de lo privado que Hobbes deseara como solución protoliberal, ni con la mera jurisdicción eclesial católica… Debo dejar claro que este régimen confesional es propio de la constelación moderna reformada, con su legitimidad de base comunitaria, sobre la que levanta la posibilidad del individuo como soporte de autoafirmación, reflexión, crítica y provisionalidad características del sujeto moderno… En este sentido, la confesionalización reformada no es compatible con la legitimidad tradicional católica, a la que transformará en el curso de la formación de la constelación moderna… Las reservas que se levantan ante esta tesis parten del supuesto, completamente ingenuo, de que el proceso que cristaliza en la constelación moderna viene caracterizado como laicización. Esto no es así. Si confesionalización se opone sencillamente a laicización, no resulta comprensible que la monarquía hispánica no fuera confesional. Pero situar en la modernidad el germen de la laicización solo ofrece un sentido completamente superficial y banal de confesionalización, y olvida que su génesis estuvo más bien en el refuerzo de lo religioso. Lo laico inicia su camino en la modernidad europea justo porque las comunidades religiosas reformadas conceden a los laicos la posibilidad de una acción comunitaria duradera capaz de influir activamente en el desarrollo de la vida religiosa. Solo mucho después, lo laico se desprende de este refuerzo de la comunidad religiosa. Lo propio del proceso religioso moderno, como veremos, fue un renovado ímpetu de comunitarización, y sobre la comunidad eclesial reposó la legitimidad aceptable de un nuevo gobierno pastoral. Por lo tanto, la dualidad radical que se va a dar en el proceso genético de la modernidad distingue entre una religiosidad comunitaria que funda una censura social y una nueva disciplina religiosa, y la neutralización religioso-comunitaria que impulsará el poder imperial y los demás poderes patrimoniales católicos en favor de una forma eclesiástica jurisdiccional y política concentrada y administrada por aristocracias episcopales y por órganos jerarquizados y judicializados. Eso fue lo que se consumó en Trento… Desde luego, ese refuerzo de la comunidad en los territorios reformados determinó el carácter más general del proceso de civilización moderna y de todo su dispositivo de poder y asentó la condición reformada de su espíritu. La forma católica se entregó con todas sus fuerzas a neutralizar ese principio comunitario.” (p. 86-88) He puesto nota amplia, porque es anticipo de lo que se tratará en el volumen segundo.

Sobre Lutero, pues es el referente principal en este volumen, aunque también se trate bastante a Melanchthon, se nos presenta en su condición humana, y en su condición de salvado. “Podemos afirmar que, al carecer de ese vínculo natural que ataba la salvación al ordo de la naturaleza [tomismo], Lutero compartía las angustias del absolutismo teológico ante el Dios omnipotente. La vida humana para él era parte de una naturaleza que ya no estaba en la estela hacia Dios… Lutero solo era sensible a la separación de la creación respecto del creador. Ese no-vínculo lo sentía con un desgarro nuevo y desconocido, sin remisión y sin descanso, pues residía no solo en la objetividad de los hechos, sino en la extrema violencia de la voluntad humana y su interés continuo por agrandarlo. Ella, la voluntad humana, sobre todo insistía en la separación… Él recogió de la época ese estado de ánimo y eliminó de un plumazo todas las mediaciones lógicas que lo fundamentaban. Lo suyo fue una experiencia tan intensa como no se conocía desde Agustín. Lutero no vive de silogismos, sino de evidencias que le llevan a valorar este mundo como una confusa letrina y se ve a sí mismo chapoteando en el fango. Esta experiencia no es la de los humanistas que, mucho más cercanos al modelo de Epicuro, se ven en la sólida roca de la philosophia Christi, mientras la época se hunde en el naufragio. Lutero no se ve con fuerzas para describir desde fuera la locura del mundo, como si él se supiese a salvo de ella. Él la padece… Es un teólogo y sabe que cuanto más profundiza en su ciencia más se hunde a sí mismo en un mundo tenebroso. Mientras los teólogos hablan del Dios omnipotente, Lutero lo siente, lo teme, lo odia, lo aborrece y sabe que no habrá reconciliación con él desde su propia ciencia. Mientras los teólogos juegan con los conceptos, Lutero los vive. Su punto de partida es la carencia de religio con el Dios que promueve el nominalismo y la teología escolástica. Su experiencia como teólogo fue la de la imposibilidad teológica de la religión… También aplicó a la valoración de la institución eclesial la experiencia personal del desconcierto general hacia el mundo”. (p. 311-313) Este es el terreno donde se escriben las tesis contra las indulgencias, no para derribar el papado, sino para mostrar que esa es una vía más del fraude, porque desde la corrupción no se libera de la corrupción. Estropean la penitencia, último baluarte donde encontrar la paz según el modelo eclesiástico. Luego tendrá que reconocer en sí mismo que ese lugar tampoco es liberador, siempre deja al pecador en su culpa y condenación.

Seguimos con el bueno de Lutero. “Por tanto no bastaba la fe en el sentido clásico. Al contrario, esa fe no hacía sino sobrecargar al ser humano con experiencias insufribles, pues su Dios mandaba imposibles imperativos, pero no confortaba… Este mismo Dios que imponía la fe en la iglesia, podía garantizar la cómoda salvación mediante la práctica sacramental y, sobre todo, mediante la penitencia, pero ninguno de los sacramentos podía ofrecer lo que el humano buscaba de verdad, la paz interior de saberse curado de una voluntad contraria a ese Dios. El problema de Lutero no era la acción. Su problema era la voluntad, esa intención contraria a la divinidad… El extraño Dios creador de la teología nominalista quedaba sepultado ante la Palabra que el Dios salvador dirigía a los humanos. Lejos de considerar al Dios bíblico como un tirano o un demiurgo gnóstico, Lutero halló en él la palabra de consuelo… Y lo hizo leyendo los Salmos, libro que debía explicar en su cátedra de filosofía moral en el año 1513. Y fue sobre todo el salmo 31, que hablaba de la justicia de Dios como diferente de la de los humanos lo que le trajo la inspiración. `Líbrame en tu justicia´, decía el salmo, pero Lutero no sabía qué podía significar… Era preciso cuestionar que la palabra justicia, vista desde Dios, significara lo mismo que la justicia que se avistaba desde la teología de los doctos. Persiguió esta pista y fue a parar a Romanos 1:17… Sin embargo, Pablo mostraba que la justicia de Dios se revelaba en Cristo y que esta revelación era el paso desde una fe a otra fe. Eso le permitía asegurar que `el justo vivirá por la fe´. La justicia de Dios se revelaba en el ser humano a través de la fe. Esa era la cuestión. Justicia no era pagar culpa ni recibir méritos. Era sencillamente creer y ese era el fruto de la obra de Dios… Lo decisivo es que la justicia de Dios consiste en hacer creer al hombre que estaba salvado. Y esa era la obra de Dios en el ser humano, pues nadie puede creer que está salvado desde sí mismo. Con ello, toda la inclinación pelagiana de la iglesia, la idea de la salvación a través de las obras, quedaba anulada. Que el ser humano creyera ser salvado era la obra de Dios en el ser humano; esto es, no tenía nada que ver con los accidentes de la vida o de las obras, sino con la fe en la acción de Dios sobre nosotros… 

Esta solución resultaba muy paradójica. Implicaba que el ser humano no puede hacer nada por salvarse, pero que sin embargo tenía al alcance de la mano la seguridad de estar salvado. Bastaba creer. Sin embargo, eso no estaba a su disposición, sino que ya era obra de la justicia de Dios… El cristianismo no era volver a los tiempos primitivos cristianos, pero sí volver a un sentido paulino de la fe, que se había escabullido entre las manos de los teólogos. De la más extrema desesperación, surgió así la más firme seguridad… Si esa era la experiencia del cristiano, no podía tener lugar en el seno de una institución visible. Era, por el contrario, la experiencia que daba acceso a cualquier sentido de la comunidad eclesial. Formar parte de la iglesia no producía esa experiencia, sino que era esa experiencia la que nos hacía formar parte de esa comunidad. Por tanto, para Lutero, lo perentorio y prioritario era la iglesia invisible que reunía a los que gozaban reconciliados de la justicia de Dios. Lo relevante no era que la iglesia fuera el lugar donde esa experiencia se realiza, sino que era el lugar en el que se reunían los que habían tenido esa experiencia. La iglesia no extendía la fe, sino que reunía a los que la tenían. Así, Lutero llevó más allá la idea de Agustín. Más que buscar la reforma de la iglesia, Lutero hizo suya la idea de iglesia invisible como condición de posibilidad de la iglesia visible. Eso es sencillamente la reforma: la necesidad de confesar la fe antes de pertenecer a la comunidad eclesial. Por eso la confesionalización será un proceso específicamente reformado… Esa experiencia de la justicia de Dios era previa a toda otra cuestión: concernía al ser humano, con indiferencia del laico o del religioso, del sabio o ignorante. Sobre todo, era incompatible con el nudo conceptual de los teólogos, que ahora podían ser despreciados como los que expropiaban a los cristianos de la Biblia. Desde este cambio de perspectiva, Lutero exigía un cristocentrismo porque la justicia de Dios se revelaba en Cristo. Solo él garantizaba la posibilidad de que la perspectiva de Dios fuera compartida por el ser humano…

La posición de Lutero era que esa justicia de Dios no era escuchada por nadie salvo a través de Cristo. Si no tenemos en cuenta la relación del Dios del Antiguo Testamento y el Dios del Nuevo, no lograremos de verdad cerrar esa nueva mirada sobre sí… El ser humano se había desprendido de todo conocimiento de sí, y ahora, para verse de nuevo, tenía que incorporar la óptica pasiva de Cristo. Tenía que verse como Cristo lo vería… El ser humano salía de sí, pero no para observarse mejor, sino para observarse desde Cristo y así llegar a la inteligencia de Dios… ¿Pero en qué se resumía todo? ¿Cuál era la palabra que Dios había confiado a Cristo para pronunciar su sentencia de justicia largamente esperada? Lutero lo dijo bien claro y en esto le siguió Calvino. Esa palabra era una: misericordia. Esa era la profecía que había pronunciado el Salmo 119:41. La clave era esta: la especie humano no recibe justicia desde la especie humana, porque entonces nadie podía escapar a ella. Recibe justicia desde la óptica divina y esta solo dice: misericordia. Ese era el consuelo de su Palabra. Esa era la promesa consumada con la muerte de Cristo que también debía llegar al pueblo de la sinagoga. Así Lutero salvó la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento… Así transitó de la promesa a la consumación, de la profecía al cumplimiento de un modo que Gálatas ya había anunciado. Esa era la diferencia entre los Testamentos, una que tenía lugar dentro de un único pacto.” (p. 318-325)

Tengo que terminar. El espacio manda. Incluso recortando, se han quedado fuera más del 70% de las notas que tenia apuntadas. Les pongo algo y acabamos. “`Lo primero es la Palabra´, dijo en una de sus obras iniciales más profundas, La cautividad babilónica de la iglesia, publicada en 1520… La Palabra debía ser entregada pura, recién pronunciada por Dios o por los hombres inspirados, y en esa tarea Lutero se comparaba a los profetas y a los ángeles. De aquí parte la Reforma, que halla su impulso universal en esta expansión de la literatura bíblica. Por eso los que pronto habrían de amenazar a Lutero exigieron de forma incondicional la expropiación de la palabra de Dios y la condenación del libro… La iglesia no tenía que desaparecer, pero debía convertirse en el conjunto de los que escuchan la palabra de Dios, no en el lugar donde resuenan los rituales mágicos. Sin entender esta diferencia entre magia sacramental y palabra, el signo divino expreso, dispuesto y diseñado para la comprensión humana, no se entenderá la Reforma…

Con ella, la relación del ser humano con el texto sagrado se transformó en un diálogo personal, en una relación en último extremo no mediada por la corporación eclesial. Era el Espíritu el que iluminaba esa lectura y por eso uno de los reformadores españoles más lúcidos, Cipriano de Valera, supo dar con la premisa que restaba implícita en el primer Lutero. Ahora el vicario general de Cristo no era el papa, sino el Espíritu que confortaba a cada uno con la memoria de Cristo. En realidad, el cristiano, al escuchar la Palabra de Dios movido por el Espíritu, se eleva a la experiencia de los profetas del Antiguo Testamento. Todo cristiano asistido por el Espíritu era un nuevo profeta y aquí tenemos uno de los resortes más secretos de la profunda aspiración democrática que ilumina la modernidad religiosa y hace de ella una formidable arma política”. (p. 368-370)

Estas notas son solo atención de lo valioso del libro, y anticipo del encuentro con ustedes la próxima semana, d. v., con Imperiofilia y el populismo nacional-católico, texto del mismo autor en respuesta a las falsificaciones de Mª Elvira Roca.

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Durante los últimos años, he notado que muchos pastores y teólogos del mundo de habla hispana han afirmado que las cinco solas de la Reforma —sola Escritura, solo Cristo, solo por gracia, solo por fe y solo a Dios la gloria— forman el centro de la fe cristiana. Hace pensar que en su conjunto dichas solas resumen de manera suficiente las enseñanzas básicas de la Biblia y de nuestra salvación.

Sin embargo, dicha afirmación no puede ser correcta por varios motivos. Por ejemplo, ¿dónde está el Espíritu Santo? ¿dónde está la creación y la consumación? ¿dónde está la Trinidad? etc. También, si las cinco solas constituyen el centro de la fe cristiana, ¿por qué no las encontramos bien desarrolladas en la Iglesia primitiva? ¿o medieval? ¿o reformada? Sí, los lectores lo han leído bien: las cinco solas no fueron agrupadas como tal hasta después de la Reforma protestante y ni los reformadores mismos afirmaban que las cinco solasformaban el meollo de la fe cristiana. Es verdad que tres solas—sola gracia, sola fide y sola Escritura— fueron más o menos agrupadas durante el s. XVI, pero es incorrecto afirmar que las cincosolastal cual forman el centro de la fe cristiana. Lo que sí encontramos en la Iglesia primitiva, medieval y reformada es una gran preocupación por entender los grandes credos, y sobre todo el credo niceno constantinopolitano, porque los cristianos los veían como guías fieles a la interpretación correcta de la Biblia.

Más bien, las cinco solas nacieron en un contexto histórico-teológico muy concreto y así reflejan algunas preocupaciones importantes de la Iglesia protestante a partir del s. XVI. En este artículo, me gustaría explicar el trasfondo histórico-teológico de las solasde la Reforma y así ayudar a los lectores a situarlas en su contexto.En resumen, el centro de la fe cristiana es la persona y obra de Dios, y las solas tienen que ver con ciertos puntos importantes, con respecto a cómo conocer y apropiar los beneficios que Dios nos ofrece en el evangelio. 

 

EL CONTEXTO HISTÓRICO-TEOLÓGICO DE LAS CINCO SOLAS

Al estudiar el contexto de la Reforma, algo que nos puede costar apreciar es que el cristianismo del s. XVI fue profundamente perfilado por los credos, y sobre todo por el más importante de todos, el credo niceno constantinopolitano.La gente recitaba los credos semana tras semana, año tras año, toda su vida, y les sirvieron para tener todo lo esencial sobre la Biblia de manera muy sumaria. Entonces, si alguien sospechaba que la Iglesia se equivocaba en algo, hacía falta recurrir a los credos —y sobre todo el niceno constantinopolitano— para justificarla.

Este el credo niceno constantinopolitano:

«Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible; y en un solo Señor, Jesucristo, el unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo y de María la Virgen y se hizo hombre; por nuestra causa fue crucificado en tiempo de Poncio Pilato y padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras y subió al cielo; y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, que habló por los profetas. En una Iglesia santa, católica y apostólica. Confesamos un solo bautismo para la remisión de los pecados. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.»

Me gustaría llamar la atención de los lectores a unas frases sobre los artículos de Jesucristo y el Espíritu Santo. Las frases sobre Jesucristo son: “que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo […] por nuestra causa fue crucificado […]” y la del Espíritu Santo es: “dador de vida”. La pregunta clave que tenemos que plantearnos es la siguiente: ¿qué implicaciones tienen de estas frases? ¿Por qué tuvo que bajarse Jesús, por qué fue crucificado y cómo nos da vida el Espíritu Santo?

Durante la Edad media, había un consenso creciente de que Jesús bajó del cielo y fue crucificado para cumplir con su parte en nuestra salvación y que el Espíritu Santo nos da vida a través de la Iglesia y sus sacramentos. En otras palabras, si la persona cumple con su parte en la salvación —es decir, realizar buenas obras y participar en los sacramentos—, entonces será salva (después de pasar por el purgatorio).

Sin embargo, a principios del s. XVI había una creciente voz de detractores que interpretaban estas frases del credo de otra manera. Específicamente, había gente que entendía que la Biblia ponía el énfasis de la salvación en Cristo y su gracia y que lo único que pedía de nosotros era la fe (correctamente entendida como arrepentimiento, fe y una nueva vida). Así que cuando recitaban el credo niceno constantinopolitano, entendían que Jesús bajó del cielo porque éramos incapaces de subir nosotros, que fue crucificado para pagar la deuda de nuestro pecado por completo y que el Espíritu Santo nos da vida por la fe. 

Cuando estos “reformadores” empezaron a debatir con los maestros de la Iglesia, y a insistir que la Iglesia se había desviado de la enseñanza bíblica y de la verdadera tradición universal de la Iglesia, se dieron cuenta que sus oponentes recurrían a la enseñanza oficial de la Iglesia (sobre todo desde el s. XI en adelante), mientras que ellos mismos recurrían a la Biblia. Por último, como entendían que Dios era creador, redentor y dador de vida, y como era el único soberano que es digno de adoración, hacía falta reformar ciertas cosas relacionadas con el culto, como el papel de la Virgen, rezar a los santos, etc. 

En definitiva, las cinco solasnacieron del debate del s. XVI sobre cómo nos apropiamos los beneficios de salvación que Dios nos ofrece en Cristo, cuál es nuestra autoridad final y quién es digno de adoración. No hay ninguna duda de que las cinco solasabarcan temas importantes, pero sólo se entienden dentro del contexto histórico–teológico de la interpretación del credo niceno constantinopolitano del s. XVI.

 

CONCLUSIÓN

En conclusión, lo que tenemos que afirmar de las cinco solas es que nacieron de los debates católico–protestante del s. XVI en adelante. A diferencia de los católicos, que interpretaban que el credo decía que la salvación viene de Dios al creyente mediada por la Iglesia, que el creyente se apropia los beneficios de salvación a través de las buenas obras y los sacramentos y que la enseñanza oficial de la Iglesia tiene el mismo nivel de autoridad que la Biblia, los protestantes interpretaban el credo a través de las cinco solas— sola Escritura (y no la tradición también), solo Cristo (y no la Iglesia también), solo por gracia (y no por las buenas obras también), solo por fe (y no por los sacramentos y buenas obras también) y solo a Dios la gloria (y no a María y a los santos también).

¿Son las cinco solasde la Reforma el centro de la fe cristiana? No. Más bien, nos ayudan a interpretar el credo niceno constantinopolitano correctamente, el cual nos ayuda interpretar la Biblia correctamente.

 

Notas

Estoy profundamente endeudado a los pensamientos del Dr. Donald Fairbairn, cuyos comentarios al respecto se pueden encontrar en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=e-K–imnCoc (accedido el 24 de abril, 2019). En la conferencia, el Dr. Fairbairn solo habla de sola por fe y la obra de Cristo, pero creo que se puede expandir sus argumentos a las otras solastambién.

También el Padrenuestro y los Diez mandamientos eran muy importantes como textos que perfilaban el pensamiento de la gente, pero de momento estoy más interesado en el papel de los credos.

La traducción viene de Wikipedia. Mi intento aquí no es proveer la mejor traducción posible del credo, sino dar una traducción suficientemente fiable.

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LA NECESIDAD DE EVANGELIZADORES HABITUALES

La realidad es que hasta que la Iglesia Evangélica de España no despierte con la fuerza y urgencia (tengo que decir que empezamos a ver señales muy alentadoras) que se requiere, para abordar las necesidades de alcanzar a los miles de ciudades existentes en el país y que siguen sin tener una congregación de ciudadanos nacidos de nuevo, no podremos decir que nuestro despertar es satisfactorio. 

También es necesario que despertemos a una mayor participación de creyentes como evangelizadores habituales y posiblemente como plantadores después de adquirir experiencia, en cada congregación, los cuales no nacerán por generación espontánea, sino que serán el fruto de los muchos ruegos a Dios, del buen ejemplo y motivación y de estar más despiertos, como pastores, en las congregaciones, para percibir a los que Dios está inquietando y a los que ya lo están; a los cuales se les debe dar la oportunidad a su llamado.

ANTES HEMOS SIDO RECEPTORES, AHORA SEREMOS ENVIADORES

El carácter, general, de las iglesias evangélicas en España, es de sobra conocido e inclinado a ser receptoras y dependientes del esfuerzo extranjero en: finanzas, personal, literatura, iniciativas, proyectos, música, modelos de trabajo. Pero en este sentido, es evidente que hace falta una mayor madurez, independencia, autonomía, carácter autóctono en el perfil que se necesita para alcanzar el corazón de los españoles.

MAYOR RESPONSABILIDAD EN LAS FINANZAS NECESARIAS

Los Consejos de Iglesia y líderes en general, también al frente de iglesias, se han de dar cuenta de que no basta con que tengamos iniciativas productivas para formar plantadores y sus ayudantes. Deben entender y tomar decisiones cruciales que tengan en cuenta la necesidad de apoyar financieramente a los nuevos plantadores, por lo menos en algún porcentaje de sus necesidades y fondos para hacer la labor de plantación; de lo contrario los recursos de las iglesias seguirán teniendo como prioritarias otras maneras entre ellas, seguir pagando alquileres de locales, que más de la mitad de la semana están cerrados o en caso de que estén abiertos, no hay suficientes actividades enfocadas en algún tipo o variante de misión.

HAY NECESIDAD DE PLANTEAMIENTOS NUEVOS

Necesidad de planteamientos nuevos, de incorporar a obreros del Señor más jóvenes, los cuales den su fuerza, su dinamismo, su creatividad y también su visión para esta generación. Nuevos modelos emergentes, formas de hacer y ser iglesia con menos carga e imagen institucional. Los seminarios y los ministerios dedicados a las labores de evangelización y aquellos que están formando plantadores; son los indicados para convocar encuentros periódicos (por provincias si es posible), en los que reunir al mayor número de líderes, para tratar de reflexionar, dialogar impartiendo renovadas visiones de cómo hacer misión doméstica en nuestros contextos aquí y ahora.

Si dedicamos, los líderes actuales, más tiempo a escuchar al liderazgo emergente y a los creyentes que están activados para servir a Dios, encontraremos los nuevos enfoques necesarios para alcanzar a esta generación actual. Porque los muchos años en el ministerio no significa estar entendiendo las nuevas tendencias de nuestra sociedad. Porque un liderazgo que ha cumplido los 60 años, está a un 25% de entendimiento de las tendencias y los códigos de comunicación, de la sociedad que tiene entre 15 y 35 años.

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«La VIDA es como un BOOMERANG. Lo que envías, regresa. Lo que siembras, cosechas. Lo que das, obtienes. Lo que ves en los demás, existe en tí. Recuerda, la VIDA es como un BOOMERANG, siempre regresa a ti»

Nunca pude olvidarte querido vecino, nos encontramos en aquel ascensor de nuestra primera casa; los dos íbamos a colgar la ropa, en un lugar al que había que subir a lo más alto, y allí subir unas escaleritas un tanto dificiliñllas. Jamás olvidaré ni tú cara, ni tú encantadora forma de ser. Jamás nos habíamos visto, pero enseguida comenzamos a entablar conversación….

– Hola ¡Cómo te llamas?, nunca te había visto antes…

– Yo es que subo porque mi mujer se marea por estas escaleritas…..

– ¡Estás embarazada! ¿Cómo se te ocurre?

-Bueno ¡No pasa nada, de momento puedo subir bien!……..

Jamás olvidaré aquella mañana y aquella alegre conversación, él era un vecino encantador, y yo tenía 21 años, podía con el embarazo, con la ropa y con lo que me echaran encima.

No sé cual es vuestra experiencia de conversaciones dentro de un ascensor. Puede ocurrir de todo.

En ocasiones te encuentras con personas que parece que no te pueden regalar ni un buenos días, es como si hasta eso les molestase, y procuran mirar para no sé donde; porque un ascensor normal, no es que sea demasiado grande.

Con otro tipo de personas, te saludas, hablas del tiempo…. Si son conocidos, cruzas alguna frase, si son más conocidos, cruzas unas cuantas… ¡De todo hay!

Me encanta la conocida frase que os dejé al principio y también me gusta una frase que utilizamos con mucha frecuencia. ¡TODO LO QUE SUBE TIENE QUE BAJAR!

Hay personas de lo más normal y sin ninguna pretensión, con las que coincidimos en el ascensor de la vida. Esas personas son amables, sonríen, siempre tienen una palabra agradable, y muchas veces coinciden con otras que, por la razón que sea, tienen una “cara de póker” perpetua. Cuando la vida les sonríe, su “cara de póker” esconde cinismo y orgullo. Cuando les va mal, esa cara se torna pálida  no lo pueden disimular; pero ¿recordáis?…..

¡TODO LO QUE SUBE TIENE QUE BAJAR!.

 Me parece fabulosa y muy ilustrativa la siguiente historia escrita por DANIEL HERNÁNDEZ:

– Mauricio está preocupadísimo.

– No es para menos.

– Nos jugamos el todo por el todo.

– El margen se achica cada vez más.

– Ni me lo recuerde.

– Igual me parece positivo que reconozca la gravedad de la situación.

– ¿Quién podría negarla? Basta con ver los números.

– Confieso que me sorprende la auto crítica.

– ¿Sabe qué pasa? Una cosa es bajar el déficit, bajar los salarios, bajar las expectativas, bajar las paritarias y otra muy distinta es todo esto. No estaba en los planes de nadie, se lo aseguro.

– ¿El gobierno va a hacer una auto crítica pública?

– No tenga dudas.

– Eso es saludable. Puede ayudar a generar otro clima, a bajar la tensión.

– Si Mauricio agarraba hoy estábamos hablando de otra cosa. Ese fue nuestro principal error.

– Y yo se lo dije. No crea que no. Y ahora hay que decírselo a todos los argentinos. Por no agrandar la grieta mire a dónde estamos.

– Pero no se puede ser Ministro de Hacienda y presidente al mismo tiempo.

– Claro que no, pero esto es otra cosa. Ahora no lo arregla ni Guardiola.

– ¿Qué tiene que ver Guardiola?

– ¿No es el mejor?

– Es motivador, inteligente, sabe conducir equipos, pero gestionar la economía de un país es otra cosa.

– Mauricio la pone en el ángulo y a llorar al Polo Norte. Se acabó la discusión.

–  La metáfora no está mal, pero debió hacerlo antes.

– Ahora que el agua nos está llegando al cuello no lo descarte. Todavía podemos clasificar.

– Pero esa no es la cuestión…

– Sólo tiene que levantar el teléfono, hablar con Infantino, con Putin, ponerse los cortos y ya.

– Espere un momento…

– No me venga con la burocracia populista. No podemos esperar. Si perdemos mañana no nos salva ni Bergoglio, que encima con lo del aborto está más caliente que Carrió después de la sesión del jueves pasado. Tenemos que intervenir ahora mismo.

– Pero yo pensé que hablábamos…

– ¿Se acuerda cuando Mauricio le mostraba a Xi Jinping el video donde la clavaba en el ángulo de tiro libre? ¿Recuerda cómo se burlaba el periodismo militante? Bueno, cuando Messi tiró la masita que tiró deberían habernos pedido disculpas.

– No puedo creer que en este momento del país…

– Mauricio hacía el penal y a llorarle a Bjork, querido. Ahora no estaríamos cortando clavos.

– Usted me habla del Mundial y el dólar sube, la inflación sube, las tarifas suben, las naftas suben…

– En eso tiene razón, todo sube menos la Selección. Pero tiene su lado positivo.

– ¿Cuál?

– Que todo lo que sube tiene que bajar. Ya va a ver cómo los vikingos se hunden en medio del mar de Noruega.

– Todo esto es un disparate.

– Un disparate es que nos quedemos afuera del Mundial en la primera ronda y nadie haga nada para evitarlo. No la veo a Cristina poniéndose los cortos.

– Es que…

– Que no panda el cúnico. Tenemos el mejor equipo de los últimos cincuenta años.

– Cómo vamos a tener el mejor equipo de los últimos cincuenta años si usted pretende sacar a Messi y poner al presidente.

– El mejor equipo de gobierno ¿O no quería hablar de eso?

– Si. Pero siguen echando ministros, funcionarios…

– Es que antes teníamos un equipo de once y ahora uno de fútbol cinco.

– ¿Puede dejar de hablar de fútbol y decirme qué va a hacer el gobierno para salir de la crisis?

– ¿Con Sampaoli?

– ¿Qué tiene que ver Sampaoli con que el dólar no deja de subir?

– Nada.

– ¿Y entonces?

– Que como dice la doctora Carrió, el dólar va a bajar.

– ¿Y la inflación?

– También.

– ¿Y las tarifas?

– Lo mismo.

– ¿Van a volver atrás con los aumentos?

– Ni locos.

– ¿Y entonces?

– Es que comparado con lo que sube todo lo demás es como poner al 9 de Alemania al lado del Marcos Rojo.

– ¿No puede hablarme de otra cosa que no sea del Mundial?

– Imposible.

– ¿Ni del paro nacional del 25 de junio?

– A los sindicalistas le ganamos de contragolpe, no se preocupe. Palomita de Triaca en el último minuto y a cobrar.

– Pero si el ministro no puede…

– Jorge, levántate y anda.

– No me parece gracioso.

– Este equipo está para la épica, para el barrilete cósmico. Ténganos fe.

– No se trata de fe sino de saber qué políticas van a adoptar.

– Meterle marca personal a los goberna y desbordar por derecha con Dujovne y por izquierda con Rubinstein, pero tirar siempre el centro al Fondo ¿Le parece poco?

– Ya, ya, ya. Así es imposible. Tiene la idea fija.

– Fija no, FIFA. Si logramos la remontada y damos la vuelta en Rusia no nos para nadie. Hasta Zurich no paramos. Boronbonbom, boronbonbom, para Mauricio, la Selección.

Encuentro esto tremendamente simpático, me parece esplendido, y expresa a la perfección lo que indica su título….. “Todo lo que sube tiene que bajar”.

El ascensor de nuestras vidas no para, del mismo modo que el de nuestro edificio, y lo queramos o no, terminamos encontrándonos en más de una ocasión.. La vida da muchas vueltas y los rostros y las personas amables y sin pretensiones, siempre van a ser así, nunca se les va a subir nada a la cabeza; simplemente son así ¡Tal cual! Los de “cara de póker” mmm… no pueden ocultar su orgullo, desprecio, decepción…..

Dice la Escritura:

El impío gana salario engañoso, pero el que siembra justicia recibe verdadera recompensa.

Proverbios 11:18

El que siembra iniquidad segará vanidad, y la vara de su furor perecerá.

Proverbios 22:8

Porque siembran viento, y recogerán tempestades. El trigo no tiene espigas, no da grano, y si lo diera, se lo tragarían los extraños

Oseas 8:7

No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará. Porque el que siembra para su propia carne, de la carne segará corrupción, pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

Gálatas 6:7-8

Y la semilla cuyo fruto es la justicia se siembra en paz por aquellos que hacen la paz.

Santiago 3:18

Cuando siegues tu mies en tu campo y olvides alguna gavilla en el campo, no regresarás a recogerla; será para el forastero, para el huérfano y para la viuda, para que el SEÑOR tu Dios te bendiga en toda obra de tus manos.

Deuteronómio 24:19

No lo olvides nunca vecino…. Nos volveremos a encontrar en el ascensor y ya sabes…….

¡TODO LO QUE SUBE, TIENE QUE BAJAR!

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