Octubre 24, 2021
Mujeres, homosexuales, activistas políticos, antiguos funcionarios, militares y policías del régimen anterior y minorías religiosas y étnicas son los nuevos parias de Afganistán.
Talibanes ejecutando a una mujer en Kabul Foto: Asociacion de las Mujeres Revolucionarias en Kabul Wikimedia CC BY-SA 3.0 Ricardo Angoso
Ellos son los primeros objetivos a batir por los terribles talibanes.
En apenas unas semanas de agosto, la rápida ofensiva de los talibanes en Afganistán ha cambiado la vida de millones de afganos, toda vez que se esperaba un avance mucho más lento y que esta horda medieval no fuera a llegar a tocar las puertas de su casa en tan poco tiempo. Sin embargo, como diría el gran Karl Marx, «la historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa», tal como ahora ha ocurrido en Afganistán. La gran tragedia fue el primer periodo de los talibanes en el poder, devolviendo al país a la Edad Media y convirtiendo a millones de mujeres en seres invisibles, y después, es decir ahora, como una miserable farsa, en la que casi los mismos personajes tratan de engañarnos asegurando que respetarán los derechos humanos y no volverán a ultrajar a las mujeres. Mentira, mentira, mentira, como tantas veces a lo largo de su siniestra historia han hecho los talibanes.
Como recordaba el analista Antonio Albiñana, desde las páginas del diario El Tiempo, «Algunos eruditos han recordado estos días, la taqiyya (mentir en nombre de Alá). La doctrina islámica permite mentirles a los no musulmanes, basándose en los versículos del Corán, en los cuales Alá se descubre a sí mismo como el mejor “engañador” (Corán, 7:94). Todas las ramas del islam practican la taqiyya, la mentira, el disimulo, la ocultación… en nombre de Alá».
Para la mayoría de las mujeres afganas ha comenzado su segundo calvario, el primero ya lo conocieron durante el gobierno de los talibanes del siglo pasado (1994-2001), y para las más jóvenes se inicia una etapa de terror, marginación total en todos los aspectos de la vida y soledad, ya que tendrán que pasar el resto de sus vidas refugiadas en sus casas ajenas al mundo y sin poder buscar un trabajo o ir a la universidad. O ponerse el medieval burka para poder salir a las calles a mendigar algo para llevarse a la boca. Desde el año 2001, en que los Estados Unidos derribaron al gobierno de los talibanes, las mujeres se habían ido incorporando paulatinamente a la vida social, política, cultural y económica del país, pese a que el proceso era lento debido al arcaísmo que caracteriza a la sociedad afgana y al atraso cultural del país debido a una rígida interpretación del islam.
Algo parecido ocurre con los gays, siempre viviendo en un mundo de sombras y zozobras en una sociedad que los condena abiertamente, pero que, al menos, en estos años los toleraba y nos lo lapidaba. Ahora, de la noche a la mañana, todo ha cambiado para ellos. Los talibanes son conocidos por hacer cumplir la ley islámica de manera extrema y radical. Según la interpretación de la sharía que manejan, la homosexualidad está estrictamente prohibida y se castiga con la muerte. Ahora miles de hombres y mujeres gays tendrán que pasar a la clandestinidad, a ocultar sus sentimientos, si no quieren ser castigados con la muerte por este grupo integrista e intransigente que no suele perdonar estas conductas que, en su credo, son «aberrantes».
Pero tampoco lo tendrán fácil los antiguos servidores del ejecutivo depuesto o aquellos que hayan colaborado de alguna forma con los occidentales, sea cual sea su oficio, y los que lo han hecho ya han comenzado a huir por miles bien a través de los aviones fletados por los países europeos y los Estados Unidos o por tierra cruzando fronteras inexpugnables. Muchos, sin embargo, todavía esperan su salida en el aeropuerto o se ocultan en sus casas, escondiendo su identidad y, por supuesto, su pasado. Los militares y policías del depuesto gobierno también intentan huir y esconden o han tirado sus uniformes; en plena ofensiva talibán miles de soldados afganos huyeron a través de las fronteras de Tayikistán y Pakistán para evitar caer en manos de los talibanes. Sin embargo, la rápida ofensiva talibán y la inesperada y vertiginosa conquista de Kabul ha dejado a miles de funcionarios y servidores en los cuerpos de seguridad en manos de los talibanes, que ahora les cortan el paso al aeropuerto y han comenzado a perseguirles con saña buscándoles casa por casa.
La persecución de las minorías religiosas y étnicas
En lo que respecta a las minorías religiosas, como los cristianos, la cadena religiosa española COPE informaba recientemente que la mayor parte de los sacerdotes y monjas presentes en el país se preparaban para salir lo más pronto posible de Afganistán ante el temor a que los talibanes, pese a sus anuncios de que no se tomarán la revancha, inicien la temida persecución religiosa, como ocurrió en los viejos tiempos de los que todos tienen en la memoria.
En una nota publicada en la página web de esa emisora reseña hemos podido leer esta información al respecto: «Se estima que en Afganistán hay entre 10.000 y 12.000 cristianos, la mayoría de ellos protestantes y conversos del islam, según recoge la ONG International Christian Concern (ICC), “lo que lo convierte en el grupo minoritario religioso más grande del país. Sin embargo, debido a la persecución extrema, la comunidad cristiana permanece en gran parte encerrada y oculta a la vista del público”. Esta ONG afirma que para la Iglesia clandestina de ese país asiático “el regreso de los talibanes al gobierno ha llenado de miedo e incertidumbre a muchos. Si bien los talibanes han anunciado una amnistía general, líderes cristianos temen que los bautizados sigan siendo el objetivo de los combatientes talibanes que patrullan las calles de Kabul y otras ciudades”.
Para concluir, Afganistán comienza un nuevo ciclo político en que las libertades religiosas, políticas y sexuales estarán absolutamente restringidas con toda seguridad. Es fácil de predecir que se instalará un régimen de carácter teocrático que tendrá en el epicentro del sistema la ley islámica o la sharía, dando por hecho la desaparición del sistema político anterior y, consiguientemente, del pluralismo existente hasta ahora. Seguramente, los talibanes no lo tendrán tan fácil como en el pasado para doblegar a una sociedad que hasta ahora había respirado algo de libertad y gozado de un sinfín de posibilidades desconocidas hasta el año 2001, pero dada la experiencia en las zonas que han ido ocupando los talibanes, en donde han impuesto el régimen del terror y la represión de toda forma de disidencia, no se abrigan muchas esperanzas con respecto al futuro de Afganistán, cada día más lejos de la democracia y la libertad.
Fuente : Aurora Digital
Victor Villasante
Pacífico Comunicaciones
#Afganistán, #Karl Marx, #Ley Islámica, #Sharía
Mujeres iraníes observan una práctica del equipo nacional de fútbol detrás de los barrotes Foto: REUTERS/Morteza Nikoubazl
La joven iraní Sahar Jodayarí falleció a causa de las quemaduras sufridas tras inmolarse al conocer que podría ser condenada a seis meses de cárcel por intentar entrar a un estadio de fútbol, algo prohibido para las mujeres en Irán.
Su muerte ha generado gran conmoción y una ola de críticas en las redes sociales, donde numerosos internautas han pedido a la FIFA que presione al Gobierno de Teherán para que permita a las mujeres acudir a los estadios o que incluso elimine a Irán de las competiciones internacionales.
Jodayarí, de 29 años y conocida como la "chica azul" por los colores de su equipo Esteghlal, falleció en un hospital de Teherán, informó hoy en una breve nota la agencia semioficial iraní Shafaghna.
Esteghlal expresó su profundo pesar por el fallecimiento y ofreció sus condolencias a la familia de la joven, que fue detenida por la policía cuando intentó colarse disfrazada de hombre el pasado marzo en el estadio Azadí de Teherán para ver el partido entre este equipo y el emiratí Al Ain.
Pasó dos días en la cárcel de Gharchak y fue liberada a la espera de juicio, pero, cuando supo a principios de mes que podía enfrentarse a una condena de seis meses de cárcel, la joven decidió prenderse fuego, causándose quemaduras en el 90 % del cuerpo.
Amnistía Internacional (AI) denunció que Sahar Jodayarí "todavía estaría viva si no fuera por esta prohibición draconiana y el trauma posterior de su arresto y enjuiciamiento".
"Su muerte no debe ser en vano. Debe estimular el cambio en Irán para evitar más tragedias en el futuro", indicó en un comunicado Philip Luther, responsable para Oriente Medio de AI.
Luther instó a la FIFA a adoptar "medidas urgentes para poner fin a la prohibición y garantizar que las mujeres tengan acceso a todos los estadios deportivos sin discriminación".
Debido a las presiones de la FIFA, las autoridades iraníes anunciaron que las mujeres podrán acudir al estadio Azadí el próximo 10 de octubre para ver el partido entre las selecciones de Irán y Camboya de la eliminatoria para la Copa del Mundo de 2022.
Las mujeres no pueden entrar en los estadios en Irán para ver jugar a los hombres desde el triunfo de la Revolución Islámica de 1979, que estableció la política de segregación de sexos y numerosas restricciones para ellas.
Desde hace unos años se ha permitido en algunos partidos en Irán una presencia reducida de mujeres, pero siempre muy figurativa y por invitación, en medio del tira y afloja entre los sectores reformistas y conservadores de la República Islámica.
Es habitual, no obstante, que las mujeres intenten colarse en los estadios disfrazadas de hombres con gorras, pelucas e incluso barbas postizas, pese al riesgo de ser descubiertas y detenidas por la policía.EFE

Pacifico Comunicaciones
Victor Villasante
Un grupo de mujeres hacen cola para votar por primera vez durante las elecciones presidenciales de 1956.(Foto: Archivo Histórico El Comercio)
El Día Internacional de la Mujer, que se conmemora el 8 de marzo de cada año, no surgió de jornadas celebratorias sino de penosas situaciones. Si bien la fecha del “8 de marzo” proviene de una marcha de trabajadoras textiles por las calles de Nueva York, en 1857, otros hechos más dramáticos son los que nos quedan en la memoria. Ciertamente esa reacción obrera de 1857 fue una de las primeras contra las penosas condiciones laborales que soportaban las mujeres trabajadoras de entonces. De esta forma, la fecha se convirtió en la referencia para considerar el día mundial de la mujer.
A ello se sumaron otros hechos ya en el siglo XX, como marchas en Europa en 1910, y un pavoroso incendio en la fábrica neoyorquina Triangle Shirtwaist, el 25 de marzo de 1911. Allí murieron 146 trabajadoras que quedaron encerradas en el local. El 8 de marzo de 1975, la ONU recién decidió institucionalizar ese día, como “Día de la Mujer Trabajadora”, para luego consagrarse como Día Internacional de la Mujer.

El 25 de setiembre de 1975 unas 260 nuevas paracaidistas se lanzaron desde aviones búfalo a una altura de 500 metros, en las pampas de Villa El Salvador. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)
El Perú y sus avances en la participación de la mujer
Más allá de los esfuerzos personales de mujeres protagonistas de la historia del Perú, tanto en el siglo XIX como en la primera mitad del siglo XX, los avances concretos en el plano del Estado y la institucionalidad empezaron en 1955, cuando el gobierno de Manuel A. Odría expidió el decreto que otorgaba el derecho al voto universal a las mujeres peruanas.
Ellas votaron el 17 de junio de 1956, en las elecciones presidenciales que encumbró en el poder a Manuel Prado Ugarteche. Sin embargo, hubo condiciones para que esto se consagrara: solo podían votar las mujeres alfabetas, mayores de 21 años y las casadas mayores de 18 años.
No fue una conquista fácil. El Estado peruano se negó durante años a aceptar este derecho, al punto que el Perú fue el penúltimo país en América Latina en otorgar el voto femenino. Pero ellas no solo votaron, también fueron elegidas: nueve mujeres ingresaron al Congreso de la República (una senadora y ocho diputadas).
En otros ámbitos, como el militar, también se dieron pasos de igualdad. Unos años antes, en 1949, durante el mismo gobierno de Odría, se permitió que las mujeres pudieran servir a la patria en el Servicio Militar Obligatorio. En el papel, al menos, tenían el mismo derecho a inscribirse para ese servicio. La equidad seguiría siendo el objetivo para las mujeres en el Perú.

Postal de 1975 cuando un grupo de mujeres cumplían el llamado de servir a la Patria. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)
Personalidades y gremios
Las mujeres peruanas han destacado en los más diversos campos del servicio público y privado; en las ciencias exactas, sociales y humanas, y, por supuesto, en las artes plásticas y literarias. Pero también en sectores específicos como la educación infantil o inicial.
En este último ámbito sobresalió durante los años 50, la educadora Emilia Barcia Boniffatty, inspectora de los jardines de la infancia en nuestro país, quien promovía y dirigía durante muchos años cursos de capacitación a miles de maestras de todas las regiones del Perú.
En los años 60, las peruanas fueron adquiriendo más experiencia profesional y adaptándose a los nuevos hábitos sociales y culturales. Cada vez se veían a más de ellas desempeñando profesiones antes exclusivamente masculinas. Uno de estos oficios fue el de bomberas. Para fines de esa década, ya no sorprendía verlas afrontando los más complicados siniestros en las ciudades del país.

Bomberas participan en entrenamiento. Postal de 1969. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)
En la década de 1970, tiempos de dictadura militar en el Perú, el Estado incentivó la participación de la mujer en el servicio militar. Uno de estos casos fue el de la primera promoción de paracaidistas del Ejército Peruano. Fue el 25 de setiembre de 1975, cuando los limeños pudieron ver cómo 260 nuevas paracaidistas se lanzaron desde aviones búfalo a una altura de 500 metros, en las pampas de Villa El Salvador. Superaron así su “prueba de fuego”.
También se vio a finales de esa década, en enero de 1979, cómo marchó nuestra primera promoción de la Policía Femenina de la Guardia Civil (GC). Fue un grupo de entusiastas y valerosas mujeres policías de las diversas regiones, cuyo primer puesto fue ocupado por la brigadier general María Luján Ripoll Ferreyra.

En enero de 1979 se graduó la primera promoción de la Policía Femenina de la Guardia Civil. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)
Pero no todas fueron militares o policías en funciones. Sobresalieron también figuras de la investigación en ciencias sociales, historia, lingüística y en las artes, como la historiadora María Rostworowski, la lingüista Martha Hildebrandt y la compositora y folclorista Victoria Santa Cruz, entre muchas otras personalidades. Ellas representaron los valores de la persistencia, la inteligencia en acción y la ética profesional más allá de las coyunturas políticas que vivieron o tuvieron que sortear.
Entre estas últimas profesionales, surgió también un caso especial: la de la doctora Licenia Huaraqui, la primera mujer aborigen selvática (tribu Piro) que se graduó de médico cirujano en el país. El hecho ocurrió exactamente el 5 de octubre de 1981, y ella fue una de los 207 nuevos médicos que se graduaron ese año en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Nacida en Requena, Loreto, la doctora Huaraqui recorrió desde niña las comunidades Piro al lado de su madre, una maestra bilingüe pionera en esas zonas del país. Huaraqui tardó 10 años en graduarse (1971-1981), con mucho esfuerzo y sacrificio. Pero lo consiguió.

La compositora y folclorista Victoria Santa Cruz posa con un ejemplar del Decano durante una entrevista en 1961. (Foto: Archivo Histórico El Comercio)
El siglo XX se cerró con mujeres en el cuerpo de salvavidas. Era el 1 de enero de 1990 cuando la Quincuagésima Segunda Comandancia PG (Cuerpo de Salvataje) se presentó en el litoral limeño con dos nuevos miembros: dos policías, la cabo Leonor Polo Loyola y la policía Ana María Banda de Ríos. Su preparación física y psicológica fue exactamente igual al de sus colegas varones.
Hoy, pese a todas las restricciones y los abusos que deben enfrentar y superar aún, la mujer peruana ha logrado grandes progresos en su empoderamiento social y cultural, siendo más generalizada la conciencia del respeto de sus derechos como personas y ciudadanas libres. Sin embargo, el camino para la total equidad será largo y sacrificado. Más difícil de lo que desearíamos.
Carlos Batalla
Diario El Comercio
03.03.2019 / 09:00 am

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