

El rápido avance digital es un reto para los medios de comunicación. Los periódicos buscan triunfar en la web, la televisión desarrolla apps para que los usuarios accedan a su programación desde cualquier lugar y dispositivo y hasta el consumo de películas ha cambiado gracias al streaming. Entonces, mientras la radio hace lo propio para adecuarse al mundo virtual, no faltan quienes afirman, tajantes y entusiastas, que pronto los podcast reemplazarán a la radio.
LA CONVIVENCIA
El término podcast surgió de la unión de las palabras pod (‘personal on demand’) y broadcast (‘transmisión’). Su popularización data de 2004, gracias a que el estadounidense Adam Curry subió por primera vez un archivo de audio a una plataforma de distribución. Podcast fue la palabra del año en 2005, según el New Oxford American Dictionary.
Son muchas las diferencias entre la radio y el podcast como para decir que uno reemplazará a otro. Francisco Izuzquiza, periodista y locutor español, autor del libro El gran cuaderno de podcasting, escribe lo siguiente: “Esto no es un podcasts vs. radio. Esto es una competencia por llenar los tiempos de escucha u ocio de potenciales seguidores. Ahí están los podcasts, la radio, la televisión, Netflix y compañía, el cine, Spotify, y muchos otros. Tenemos dos orejas y un número determinado de horas al día. Ofrezcamos el mejor producto posible para que nos escojan entre los millones de alternativas que hay”.
Quienes vaticinan la muerte de la radio son la nueva versión de quienes vaticinaron que la televisión haría desaparecer al cine o que el libro de papel sería inmediatamente reemplazado por el electrónico. Así, en lugar de hablar de la desaparición de la radio, podríamos hablar de su adaptación a lo digital. Por ejemplo, la programación de distintas emisoras se puede escuchar en tiempo real en sus sitios web, y hay aplicaciones como TuneIn que albergan estaciones de todo el mundo.
En este panorama, los podcasts representan una posibilidad. Si bien siguen el principio radial (se sirven del audio para comunicarse con la audiencia), se manejan bajo una lógica distinta, ya que, como buenos hijos de internet, producen una ruptura con el espacio y el tiempo. ¿Qué significa esto? Sonia Blanco, periodista y docente de la Universidad de Málaga, lo explica así: “Ya no es necesario estar pendiente de la parrilla programática de las emisoras de radio para escuchar nuestros programas favoritos, pues podemos descargar episodios y escucharlos cuando y donde queramos”. Es la portabilidad en su máxima expresión.

Blanco añade que las emisoras de radio se pueden servir de la tecnología del podcast para llevar sus programas a todo el mundo, mientras que antes se restringían a una recepción geográficamente acotada. “Miles de desplazados pueden acceder de una manera sencilla a información local de sus lugares de origen, evitando así el desarraigo”, explica. Claro que también podrían hacerlo leyendo diarios vía internet, pero, como señala Blanco, “el hecho de escuchar una voz aumenta la cercanía. El oyente de podcast se siente mucho más cercano a su editor que el lector de blogs a su escritor. Es mucho más fácil expresar emociones mediante la voz que mediante el texto escrito”.
Otra potencialidad del podcasting es la creación de programas de nicho. El consultor digital Orlando Mergal afirma al respecto: “Los programas de radio tocan mensajes que apelan a las masas, mientras los podcasts tocan temas particulares que apelan a nichos de mercado de interés universal”. Por ejemplo, un cinéfilo peruano que busca comentarios especializados sobre los Premios Óscar ha podido escuchar la opinión de cinéfilos argentinos, españoles, uruguayos... y, si maneja otro idioma, la oferta se amplía.
Mergal señala otras libertades del podcast: la posibilidad de abordar cualquier tema sin limitación editorial alguna; la variable durabilidad de los episodios —pueden durar cinco minutos o tres horas—; la permanencia de los contenidos en la red por tiempo indefinido; y mayor certeza en la forma de medir la audiencia, ya que los podcasters llevan la cuenta del número de reproducciones y descargas de sus episodios.
ACCESO Y CONECTIVIDAD
Hacer podcasts no es difícil: se necesitan micrófonos, una computadora o un dispositivo con software para grabar y editar, y un servidor que permita distribuir el contenido por internet. En un país como el nuestro, donde solo el 48,7 % de la población cuenta con este acceso —según cifras del INEI a mayo de 2019—, es imposible hablar del consumo masivo de productos digitales.
Un estudio presentado en noviembre de 2018 por la consultora británica Qriously para Audio.ad mostró que seis millones de peruanos —de un total de más de 32 millones— escuchan audios digitales y que el 20 % de ellos acude a los podcasts. Aunque los números todavía son bajos, el fenómeno se expande.
Luis Enrique Mendoza, docente universitario, investigador y autor del libro Voces en red: una aproximación al fenómeno del podcast en el Perú, logró identificar algunas de las características del incipiente mercado peruano. Por ejemplo, encontró que casi todos privilegian la conversación como eje de sus contenidos y que, al principio, ningún podcaster tenía una preparación profesional para el podcasting, por lo que todos iniciaron sus proyectos como aficionados, con pocos recursos y equipos para la grabación.
No hay un directorio de podcasts peruanos, y es difícil armar uno, pues las iniciativas son muchas, variadas y, en la mayoría de casos, de una periodicidad irregular. Sin embargo, también existen productos constantes, como El langoy, creado para hablar de diversos aspectos de la cultura popular y que se mantiene en el aire desde 2014. Uno de los miembros fundadores es Carlos Wertheman, quien explica que El langoy nació con la idea de comunicar aquello que nos gustaría oír en la radio, pero que no oímos.

“Creo que El langoy ha funcionado porque nuestros oyentes han sido generosos con nosotros y porque en el momento que llegamos había un vacío que ocupamos oportunamente”, sostiene. También señala que una de las razones del aumento de la oferta del podcast en el Perú se vincula con que Spotify lo incluyera en su plataforma.
Suena lógico, considerando que dicha plataforma cuenta con 14 millones de usuarios en nuestro país. Algunos medios peruanos también han empezado a apostar por este formato. Un poco tarde, es cierto, si nos comparamos con otros países, pero Mendoza explica el motivo: “La penetración de la tecnología digital es muy alta en Europa y Estados Unidos; es natural que sus públicos hayan tenido tiempo para conocer nuevos formatos, acostumbrarse a ellos y hasta reformularlos según sus expectativas”.
Dicho esto, podemos concluir que el podcast es hijo de internet y de la antigua necesidad del ser humano por hacerse oír. Los que tengan oídos, y una buena conexión a internet, que escuchen.
Fuente : Dominical Diario El Comercio Katherine Subirana Abanto Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Pacifico Comunicaciones
Victor Villasante