Julio 13, 2024
Asistimos a una guerra de desgaste en que ninguna de las dos partes obtiene resultados significativos y, por otra parte, en el frente político tampoco se perciben avances e iniciativas fructíferas.
Ataque con misiles rusos sobre Kiev. Foto: Wikipedia – CC BY 4.0 por Ricardo Angoso
Está cada vez más meridianamente claro que la contraofensiva ucraniana no ha conseguido los resultados esperados sobre el terreno, tal como en estos días han señalado fuentes de la inteligencia norteamericana y británica. Tras unos meses de gran desgaste y arrojo militar y humano, las fuerzas ucranianas, pese a haber recibido ingentes ayudas por parte de varios países occidentales para llevar a cabo su contraofensiva, apenas han conseguido recuperar unos 500 kilómetros de los miles que ocupan los rusos. Sus bajas podrían superar las 26.000 -según fuentes rusas- y sus fuerzas están extenuadas, mientras aumenta el cansancio y la desesperación entre una población civil fuertemente castigada por los bombardeos rusos.
Un informe de la comunidad de inteligencia estadounidense citado por The Washington Post dice que la ofensiva de Ucrania fracasó al no alcanzar su objetivo declarado, tomar la ciudad de Melitopol. Tampoco ha conseguido Ucrania que sus fuerzas lleguen hasta los límites de Crimea, detectándose solamente avances en el área occidental de Donetsk-este de Zaporiyia y en el oeste de óblast Zaporiyia. Rusia, por ahora, se ha mantenido a la defensiva exitosamente después de meses reforzando sus defensas y enviando nuevas fuerzas a las frentes de batalla.
Según la inteligencia norteamericana, citada por el ya referido The Washington Post, el problema de los ucranianos es que tienen demasiadas tropas, incluidas algunas de sus mejores unidades de combate, en los lugares equivocados. Los comandantes ucranianos han dividido las tropas y el poder de fuego en partes iguales entre el este y el sur del país, motivo que explicaría en parte por qué Ucrania no puede cortar las líneas de suministro de los rusos.
El mismo diario norteamericano seguía señalando que la defensa rusa del suelo conquistado está dando buenos resultados hasta el momento, una defensa establecida a partir de campos minados y trincheras. Esto dificulta que las tropas ucranianas puedan tomar Melitopol, fundamental para la contraofensiva porque se encuentra en la intersección de dos importantes carreteras y una línea ferroviaria que permiten a Rusia trasladar personal y equipo militar desde la península a otros territorios ocupados en el sur de Ucrania.
Hasta ahora, tras unos meses realmente sangrientos para ambas fuerzas, las fuerzas ucranianas ubicadas el norte de Donetsk han tratado de flanquear a las tropas rusas atrincheradas en las ruinas de Bajmut, que capturaron con un enorme coste humano en mayo, su única victoria significativa desde el verano pasado. Debido a esta importancia simbólica para Moscú, los ucranianos cuentan con la probabilidad de que no permita a los defensores rusos de Bajmut cederla en una retirada táctica, por lo que presionar en el frente tiene el efecto de fijar a un gran número de fuerzas enemigas en la zona e impide que refuercen los puntos débiles que surjan en el frente de 1.000 kilómetros.
El resumen de todos estos movimientos es que realmente los ucranianos no han podido romper las líneas defensivas rusas y avanzar significativamente recuperando territorios en los frentes de batalla, mientras que Rusia resiste tenazmente en los territorios conquistados y ha sufrido pérdidas en términos estratégicos poco significativas. En estas circunstancias, se puede concluir que asistimos desde hace varias semanas a la consolidación de lo que se denomina como una guerra de desgaste, en que ambos bandos se atribuyen avances y sin que realmente los frentes se muevan. Mención aparte merecen los ataques ucranianos con drones a objetivos militares en Moscú y Crimea, así como un posible desembarco de una unidad especial ucraniana (GUR) en esta península arrebatada por Rusia a Ucrania, lo que revelaría graves fallos en las defensas rusas en este territorio.
INICIATIVAS POLITICAS Y DIPLOMATICAS
Mientras la guerra continúa su curso, el Alto Representante de la UE para Política Exterior y vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell, ha avanzado que “se trabaja” en un encuentro “de alto nivel” sobre la paz en Ucrania que “probablemente” se celebrará durante la Semana de Alto Nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas a finales de septiembre.
Este nuevo encuentro se celebrará tras la reunión que tuvo lugar a principios de agosto en Yedá (Arabia Saudí), con la participación de “más de 40 países”, incluyendo China, y que, según ha destacado Borrell, fue “otro paso de Ucrania para conseguir que la comunidad internacional haga presión sobre Rusia para que la guerra se pare”.
El problema radica en que todas estas iniciativas diplomáticas están condenadas al fracaso si no cuentan con la presencia de Rusia, el país que atacó y ocupó Ucrania. Sin Rusia toda conferencia sobre la guerra de Ucrania está condenada al fracaso y carece de sentido, tal como se ha visto en Yedá recientemente. Sin embargo, no se percibe por parte de Rusia voluntad política y diplomática para poner fin por la vía negociada al conflicto, sino más bien lo contrario. Tras la muerte del jefe de las milicias Wagner, Evgeny Prigozhin, en un confuso “accidente”, el presidente ruso Vladimir Putin, al expresar sus condolencias, volvió a referirse al gobierno de Kiev como “neonazi”.
China, por su parte, después de haber fracasado con su plan de paz, que fue rechazado por Occidente y la misma Ucrania, ha vuelto a la carga y trata de desbloquear el actual punto muerto. No ha pasado desapercibida para los observadores la reciente gira del ministro de Defensa chino, Li Shangfu, a Rusia y Bielorrusia. Durante su visita, este dirigente chino se reunió con destacados líderes políticos locales, aunque el Gobierno chino ha brindado pocos detalles sobre la agenda exacta. No cabe duda que el embrollo ucraniano estaría en la agenda de esta enigmática visita.
FUENTES CONSULTADAS:
El Economista https://www.eleconomista.es/economia/noticias/12413808/08/23/borrell-anuncia-una-cumbre-al-maximo-nivel-sobre-ucrania.html
Ecoavant https://www.ecoavant.com/actualidad/mapa-de-la-guerra-en-ucrania-a-14-de-agosto-2023_11839_102.html
La Razón https://www.larazon.es/internacional/inteligencia-eeuu-senala-cual-error-contraofensiva-ucraniana_2023082364e5b0c95df8e30001e030cb.html.
El término guerra de desgaste se refiere a un conflicto bélico en el cual el vencedor es el que resiste más en pie, dejando al adversario derrotado por cansancio
Vladimir Putin durante una sesión de la Duma en Moscú Foto archivo: Kremlin.ru CC BY 4.0 vía Wikimedia Commons En la actual coyuntura en los frentes de guerra entre Rusia y Ucrania, cada vez más enfangados de cadáveres, nadie sabe a ciencia cierta quien tiene la iniciativa y, sobre todo, más capacidad de resistencia para desgastar al otro.
Cuando ha pasado ya un año desde que comenzó la agresión rusa a Ucrania, que en principio se preveía para Moscú como un paseo militar sin complicaciones, los frentes de batalla aparecen empantanados, sin apenas avances, y cada vez más centrados en el control por la parte rusa de las regiones del Dombás y el Donetsk y la consolidación de sus posiciones en los puertos del mar Negro y alrededores. Mientras Rusia avanza a base de sangre, sudor y lágrimas, dejando en el camino miles de víctimas, Ucrania resiste heroicamente y parece haber perdido la iniciativa que tuvo el pasado otoño, en que recuperó numerosos territorios a los rusos, y se limita a contrarrestar las ofensivas de su brutal enemigo.
Como ocurrió en la guerra entre Egipto e Israel entre 1968 y 1970, considerada por los expertos en doctrina militar como la más típica guerra de desgaste, el conflicto entre Rusia y Ucrania ha entrado en un punto muerto porque prosigue en el mismo lugar, con los mismos soldados, los mismos tanques y armamentos. Pero, en este caso, el elemento novedoso es el apoyo occidental a Ucrania con ingentes envíos de pertrechos militares, muchos de última generación, y la utilización de fuentes de la inteligencia de la misma procedencia para señalar los objetivos rusos. Nadie, en las actuales circunstancias y sin avances sustanciales en los frentes de batalla, aparece como el perdedor de una clásica guerra de desgaste, sino que ambos bandos muestran la suficiente capacidad de resistencia, suministros militares y fuerzas para continuar la guerra durante mucho tiempo. Un escenario, cuando menos, agotador.
Para Rusia, el problema radica en que no hay vuelta atrás y la victoria en la guerra, aunque sea pírrica manteniendo el Dombás y otros territorios arrebatados a Ucrania, está absolutamente ligada a la supervivencia política del presidente ruso, Vladimir Putin, quien no puede permitirse una derrota ni ante su país, sobre todo ante las elites políticas y económicas, y ante sus escasos aliados en la comunidad internacional, que comenzarían a cuestionar su liderazgo y autoridad para ejercer el mismo en el mundo. Putin, además, no ha mostrado en sus últimas declaraciones públicas ninguna voluntad para iniciar un diálogo con sus declarados enemigos e iniciar un proceso político negociador que ponga fin a la guerra, sino más bien lo contrario: exhibe cada vez más un tono más belicista y su retórica anti occidental comienza a rozar el delirio nacionalsocialista tan parecido al discurso antisemita de Hitler al final de la guerra cuando se refería a la “judería internacional”.
Mientras que para Ucrania dar marcha atrás ahora sería suicida y quizá el final para siempre de su soberanía nacional y territorial, que Rusia había asegurado respetar en 1991, tras la implosión de la Unión Soviética y la errónea entrega por parte de los ucranios de su armamento nuclear a sus ahora enemigos rusos. La supervivencia de Ucrania, como un Estado democrático y libre anclado en la Unión Europea (UE) y la OTAN, pasa también por una victoria pírrica en la guerra y demostrar a Rusia su error al invadir Ucrania. Pero, no cabe duda que los sueños ucranios son la pesadilla de Putin y que los objetivos de ambos bandos están, por ahora, muy lejos de ser no ya coincidentes, sino algo más cercanos a la cruda realidad sobre el terreno.
SIN AVANCES EN EL FRENTE DIPLOMÁTICO
Aparte del disparatado plan chino para lograr la paz en Ucrania, que ni siquiera condenaba la agresión rusa ni exigía la devolución de todos los territorios ocupados a Ucrania, incluyendo Crimea, en el plano político y diplomático tampoco se atisban avances. Hasta ahora casi todos los planes e iniciativas presentadas, como la china y la surrealista del presidente mexicano, AMLO (Andrés Manuel López Obrador), pasan por la rendición incondicional de Ucrania y porque este país acepte como un “mal menor” la entrega de una buena parte de su base territorial -aproximadamente el 25% de su territorio si incluimos Crimea y los nuevos territorios ocupados por los rusos en el mar Negro- a Rusia para asegurarse una suerte de paz fría por unos años.
Este discurso, también subyacente en una buena parte de la izquierda europea que grita inútilmente el “no a la guerra” sin condenar a Rusia y en los países que todavía apoyan a Putin, como la India, China, Serbia y la Hungría del neofascista Viktor Orbán, se basa en la vieja política del apaciguamiento que llevó a Europa a la Segunda Guerra Mundial. En septiembre de 1938, conviene recordar, los primeros ministros de Francia y el Reino Unido, Edouard Daladier y Arthur Neville Chamberlain, respectivamente, entregaron los Sudetes checos a Adolf Hitler para saciar su voraz apetito territorial en los ignominiosos acuerdos de Múnich, rubricados también por el dictador fascista italiano Benito Mussolini. Unos meses después, vista la debilidad de Europa a la hora de defender sus principios morales y éticos, Hitler se anexionó los restos de lo que quedaba de Checoslovaquia, ante el silencio cómplice del mundo, y el 1 de septiembre de 1939 atacaba Polonia, comenzando la Segunda Guerra Mundial en el continente y la mayor matanza de la historia: el Holocausto.
Hoy los que invocan el apaciguamiento con Rusia obvian la historia y la forma cómo Putin ha actuado con casi todos sus vecinos en los últimos años, en que ha ocupado territorios a Ucrania, Georgia, Moldavia e incluso a su “aliada” Armenia. También arrasando a sangre y fuego sin ningún pudor a Chechenia. Putin solamente entiende el lenguaje de la guerra, no admite ningún tipo de disidencia en el interior de Rusia y es un criminal de guerra sin necesidad de usar ningún otro eufemismo, tal como ha demostrado con sus indiscriminados ataques a objetivos civiles sin interés militar en la guerra de Ucrania. Vive en un pasado que no existe, una Rusia imperial que no volverá, pero que puede convertirse en una pesadilla para Europa y también para el mundo.
En fin, pasó un año desde el comienzo del conflicto, la guerra sigue su curso y las Naciones Unidas volvieron a mostrar su inutilidad congénita, como tantas veces en su inerte existencia y tantos sangrientos episodios que nos dejó para el recuento de una historia terrible: Ruanda, Bosnia y Herzegovina, Chechenia, Yemen y Siria, por citar solamente algunos casos. Lo único que ha quedado constatado en este largo, sangriento, duro y triste año de guerra en Ucrania es la soledad de Rusia en la escena internacional. La última resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, exigiendo la retirada de las tropas rusas de Ucrania, solamente cosechó seis votos negativos (Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte, Malí, Eritrea y Siria) y 141 a favor de la misma, una muestra del rechazo unánime y universal a esta injusta guerra. Algo es algo, aunque sea demasiado poco para Ucrania.
Fuente: Aurora Digital Ricardo Angoso
"Israel apoya la soberanía e integridad territorial de Ucrania", señaló el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Foto ilustración: Dmitry Muravsky / Ministerio de Defensa de Ucrania CC BY-SA 2.0 vía Wikimedia Commons Israel anunció este viernes que no reconoce la anexión por parte de Rusia de las cuatro provincias de los territorios ocupados en el este de Ucrania, indicó el Ministerio de Exteriores de Israel en un comunicado.
«Israel apoya la soberanía e integridad territorial de Ucrania», afirmó después de que el presidente ruso, Vladimir Putin, firmara hoy los tratados de anexión de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiya.
La respuesta israelí se suma al rechazo global internacional a la anexión y a la celebración de los referendos considerados ilegales por Estados Unidos, la UE, la ONU y gran parte de la comunidad internacional.
La relación entre Israel y Rusia -tradicionalmente fluida- se ha mantenido tensa desde el inicio de la guerra en Ucrania debido al alineamiento israelí con las potencias occidentales que condenaron la invasión.
Sin embargo, Israel no impuso sanciones a Rusia ni envió ayuda militar a Ucrania más allá de materiales de protección personal para sus tropas como cascos o chalecos antibalas.
Esta posición se debe principalmente a la alianza estratégica de Israel con Rusia en el marco del conflicto armado en Siria, donde Moscú tiene una importante presencia y permite los bombardeos israelíes sobre milicias proiraníes.
La moderación israelí en su respuesta ha motivado múltiples reclamaciones por parte del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que este fin de semana volvió a expresar su indignación por no haber recibido el armamento que solicitó a Israel.
Fuente : Aurora Digital
Pacífico Comunicaciones
Victor Villasante
La guerra de Ucrania podría tener efectos desestabilizadores en toda la región.
Rîbnița, zona norte de Transnistria – Foto: Wikipedia – CC BY-SA 2.5 Ricardo Angoso
Ya nadie descarta que Putin trate de extender su corredor territorial desde el Donbás hasta Transnistria después de devastar las ciudades de Mariúpol y Odesa, pero también en el punto de mira de Rusia están Georgia, Armenia, Polonia y las repúblicas bálticas. El conflicto apenas acaba de comenzar y no se sabe a ciencia cuándo terminará esta guerra que se prevé sea más larga que el paseo militar que esperaban los estrategas del Kremlin.
Hace más de treinta años, concretamente en julio de 1991, estallaba la guerra de los diez días entre la recién independizada Eslovenia y las tropas federales del ejército yugoslavo, en lo que parecía ser una escaramuza más entre ambas fuerzas y que, sin embargo, acabó desembocando en un sinfín de guerras civiles yugoslavas. La batalla, que apenas duró dos semanas y terminó con la derrota de los yugoslavos de una forma humillante, dio paso después a las guerras croata, bosnia, macedonia y, años más tarde, al no cerrado conflicto de Kosovo, que comenzó en el año 1999. Casi diez años duró esta tragedia que dejó en el camino miles de muertos, millones de refugiados y desplazados y una destrucción material y económica de la que apenas han ido saliendo estos países de la región balcánica.
De la misma forma que entonces, conocemos hoy cuándo y cómo comenzó la guerra de Rusia contra Ucrania, pero nadie sabe a ciencia cierta cuándo será el final y cuántos países se verán inmersos en la misma. Por ahora, todos los vecinos de Ucrania, pero sobre todo Eslovaquia, Hungría, Moldavia y Polonia, y en menor medida Bielorrusia, ya están sufriendo en sus carnes la llegada de auténticas riadas de refugiados y eso que apenas la crisis acaba de comenzar. Ya podrían haber salido de Ucrania casi unos seis millones de refugiados, aunque, sin embargo, el número podría aumentar vertiginosamente porque, según ha anunciado el ACNUR -Alto Comisionado de las Naciones para los refugiados-, hay unos doce millones de ucranianos atrapados dentro del país en zonas de conflicto que previsiblemente acabarán saliendo del país ocupado y agredido para buscar refugio en los países vecinos.
A esta contingencia humanitaria, que ya bordea los de catástrofe y los límites de la capacidad de atención de estos países, que han tenido un comportamiento ejemplar y digno, hay que añadir que Rusia trata de desestabilizar con todos los medios a la región. Los civiles, tal como hemos visto a través de las imágenes que nos llegan de Ucrania, se han convertido en un objetivo militar de Rusia, bien sea para eliminarlos físicamente en sus casas reducidas a añicos por la aviación rusa o la artillería o para obligarlos a marcharse causando daños a todos sus vecinos, que tendrán que dedicar ingentes recursos humanos y económicos para atenderles en sus necesidades sanitarias, educativas, alimenticias y de vivienda.
En los últimos días, en una acción coordinada de Moscú por provocar una crisis regional de más alto calado que la agresión a Ucrania, Moldavia ha denunciado a ocho agentes secretos rusos de haber provocado las acciones terroristas que se han producido en Transnistria en las últimas semanas. El objetivo de las mismas es forzar a Rusia a una agresión parecida a la Ucrania contra Moldavia y anexionarse Transnistria en aras de garantizar la “seguridad” de la comunidad rusa de dicha región. Argumentos falaces y ruines para justificar otra guerra.
Cabe la pena recordar que desde el año 1991, cuando estalló la guerra civil en Moldavia, entre el gobierno de Chisinau y las milicias separatistas de Transnistria, Rusia apoyó descaradamente a los secesionistas y fomentó la creación de una entidad ilegal en la región recién “independizada” con la ayuda del XIV Ejército ruso. La situación de Transnistria se ha mantenido desde 1992 inalterable y todas las tentativas de búsqueda de una solución política entre las partes han fracasado, en gran medida porque Rusia quiere mantener su papel de mediador y evitar, a toda costa, la entrada de este país en la UE y la OTAN, tal como desea el ejecutivo proeuropeo de Moldavia y que Moscú se niega a aceptar.
Ya un general ruso, participante en la agresión a Ucrania, ha anunciado que el objetivo final de la campaña rusa en Ucrania podría ser el extender el corredor “humanitario” que los rusos trazan a sangre y fuego en este país hasta la región fronteriza entre el país agredido y Moldavia. De cumplirse este objetivo, que pasaría también con la toma de la estratégica ciudad de Odesa, tan importante como la devastada y ciudad mártir de Mariúpol, no cabe duda que los rusos no se detendrían a las puertas de Moldavia sin anexionarse la ahora aislada y desconectada Transnistria. Por lo pronto sus habitantes, rusos y de origen moldavo, conocedores de la brutalidad rusa y de cómo se las gastan las fuerzas de Vladimir Putin, han huido por miles llevándose las pocas pertenecías que podían en sus autos hacia Moldavia e incluso la bombardeada Ucrania.

TRANSNISTRIA, ARMENIA, GEORGIA…
Si se consumara el crimen contra Transnistria, algo que no se debe descartar dado el comportamiento genocida y criminal del sátrapa de Moscú, los demás vecinos, tales como Armenia, Georgia, Polonia y las “traidoras” -según el argot de Moscú- repúblicas bálticas, también estarán en peligro. Armenia ya fue castigada por Moscú, en septiembre de 2020, tras un ataque de Azerbaiyán a la región de Nagorno Narabah, que fue casi ocupada por los azeríes para gran humillación de los armenios que perdían tierras que les habían pertenecido durante siglos. Los coqueteos políticos y diplomáticos de Armenia con los Estados Unidos y la Unión Europea (UE) provocaron la pasividad rusa ante este ataque de los azeríes, con la inestimable ayuda militar y material de Turquía, y tan solo intervinieron cuando vieron que su antaño fiel aliado estaba a punto de colapsar. Rusia después, como país “pacificador”, impuso un plan de paz a su medida y la presencia de un contingente militar ruso en la zona para evitar enfrentamientos entre las partes, pero Armenia perdió unos siete mil kilómetros cuadrados para siempre. Armenia nunca más volverá a tratar de reorientar su política exterior hacia Occidente porque la bota rusa se lo impedirá. Así se las gastan los rusos con sus “hermanos” y “amigos”.
Georgia, que también tenía en su punto de mira un acercamiento y una previsible integración en la OTAN y la UE, también se lo pensará dos veces tras la violenta y salvaje agresión de Rusia a Ucrania. Ya con dos regiones ocupadas -Osetia del Sur y Abjasia- los georgianos saben que Rusia no dudaría en volver a intervenir si las negociaciones con la OTAN avanzaran en buena dirección; los georgianos ya tuvieron en la nuca al «oso” ruso, en el año 2008, en que casi el ejército ruso llega hasta la capital misma de Georgia, Tiflis. Aunque existe el temor de que Rusia podría atacar algún día a algún miembro de la OTAN, como Polonia o los países bálticos, no parece que eso vaya a ser un escenario muy probable, ya que tal ataque provocaría una segura tercera guerra mundial, armamento nuclear por medio, y sería la segura destrucción de todos los participantes en la misma. Veremos qué pasa.
Fuente :Aurora Digital
Ya estamos inmersos en una nueva guerra fría, aunque algunos, como los líderes de la extrema izquierda europea, no se hayan enterado o no quieran enterarse.
Mijeíl Saakashvili – Presidente de Georgia 2004-2007 y 2008-2013 – Foto: Wikipedia – Dominio Público Ricardo Angoso Georgia, al igual que la Finlandia de ese periodo histórico, tendrá que aceptar los designios rusos en lo que respecta a sus anhelos por integrarse en la OTAN y la UE. El nuevo zar del Kremlin, Vladimir Putin, escribe a sangre y fuego las nuevas fronteras de Europa, para mayor escarnio de un Occidente que no ha sabido estar a la altura y poner coto a la agresión rusa a Ucrania.
Mientras se observa un estancamiento en la guerra de agresión y conquista de Ucrania por parte de Rusia, la tensión crece en los escenarios adyacentes al conflicto, tales como el Mar Negro, donde se concentran numerosas fuerzas de la OTAN en Rumania y Bulgaria, Moldavia -sede del XIV Ejército ruso que ocupa la “republiqueta” de Transnistria- y Georgia, ya atacada en el pasado por Moscú de una forma atroz y brutal. Todo muy al estilo del carnicero Putin, tal como le ha calificado muy oportunamente el presidente norteamericano.
El objetivo de la guerra contra Ucrania queda cada vez más meridianamente claro: la partición del país. De facto, Ucrania llevaba partida en dos desde el año 2014, cuando Moscú alentó la independencia del Donbás, región formada por las provincias ucranias de Donetsk y Lugansk, y unas milicias secesionistas apoyadas, armadas y jaleadas por Rusia declararon la guerra contra Ucrania. Ahora, con la invasión rusa, se consolida la base territorial de esa entidad política controlada por los rusos y parece que la ocupación de Ucrania tendría como objetivo militar la creación de un gran corredor entre el Donbás y Crimea, anexionada por Rusia en el año 2014. Al parecer, señala Kiev, el corredor ya está en marcha.
Georgia conoce muy bien las pretensiones neoimperiales rusas y los delirios nacionalistas del sátrapa de Moscú, Vladimir Putin. Este pequeño país, de apenas cuatro millones de habitantes y algo menos de 70.000 kilómetros cuadrados, sufrió dos guerras organizadas y planificadas por Rusia para provocar la secesión de Osetia del Sur (1991-1992) y después la de Abjasia (1992-1993) nada más independizarse Georgia, allá por al año 1991. Ambos territorios continúan desde entonces bajo la férula de Moscú.
Esta nación, enclavada entre Rusia, Turquía y Armenia, padeció lo indecible en ambas guerras. Miles de georgianos -entre 20.000 y 30.000, según las fuentes- fueron asesinados, unos 300.000 tuvieron que huir de ambos conflictos como refugiados y siguen hacinados en campos humanitarios en las peores condiciones de vida, la economía sufrió una larga y dura recesión y Georgia perdió, quizá para siempre, el 20% de su territorio.
En agosto de 2008, en una acción militar poco preparada, mal organizada y peor planificada por su inepto presidente Mijeíl Saakashvili, Georgia intentó ocupar Osetia del Sur y Rusia se involucró en el conflicto, provocando la derrota de los georgianos y casi la caída de la capital del país, Tiflis. El intento de ocupación fue un desastre total, otros 100.000 georgianos tuvieron que huir de las tierras osetias donde habían vivido durante siglos, Osetia del Sur amplió su base territorial y se produjeron miles de bajas. Nuevamente, Rusia se imponía y Georgia era humillada.
Desde ese año, ambas regiones siguen ocupadas y nada parece indicar que Rusia tenga la intención de devolver ambos territorios, sino más bien lo contrario: el mismo año de la corta guerra ruso-georgiana y ulterior derrota de Georgia, Rusia reconocía como repúblicas independientes a Abajsia y Osetia del Sur, a la que le unieron los reconocimientos por parte de Siria, Venezuela y Nicaragua, entre otras naciones. Rusia nunca abandonará estos territorios si no es por la fuerza.
Rusia lleva casi tres décadas intentando controlar el mar Negro a través de Georgia y por esto alentó la independencia de Abjasia, en 1992, y logró controlar su importante enclave portuario de Sujumi. Para Rusia, el mar Negro es su salida natural al Mediterráneo a través de los estrechos turcos del Bósforo y los Dardanelos, constituyendo también el punto de tensión entre el mundo ruso y el resto de Europa y Turquía. Ahora, si se consolida la ocupación de la costa de Ucrania sobre el mar Negro, tal como parece pretender Rusia con la finalidad de unir los territorios del Donbás a través de un corredor territorial entre dicha región y Crimea, Georgia volverá estar en el punto de mira y quizá la tensión se desplazará hacia esta pequeña república ex soviética.

LA NUEVA GUERRA FRIA
Moscú nunca permitirá que Georgia ingrese en la OTAN o en la Unión Europea (UE), tal como han sugerido algunos dirigentes de este país, y siempre ha considerado a esta nación como parte de su periferia tutelada, confiriéndole una soberanía limitada que nada tiene que ver con la verdadera independencia.
Tampoco la OTAN, tal como se ha visto en la crisis de Ucrania, va a seguir el camino de la ampliación hacia el espacio postsoviético, en tanto y cuanto nadie quiere que la confrontación con Rusia degenere en un conflicto o una guerra de inciertos resultados para todos, amenaza nuclear por medio incluida.
La nueva era que vivimos tiene un gran parecido con la Guerra Fría (1945-1991) y Putin no parece ser un líder con la suficiente capacidad, como sí lo fueron otros líderes soviéticos, para mantener un diálogo sosegado, civilizado y fructífero con Occidente, sino que su perfil autoritario y autocrático le han llevado a pensar que puede conducir su país sin tener que contar con el mundo. Todo un desastre para Rusia y para el mundo occidental, cuyas consecuencias todavía no atinamos a comprender ni a atisbar. Georgia, en este sentido, queda en tierra de nadie, finlandizada por muchos años y frenada en sus anhelos por ser parte de Europa y de la gran comunidad atlántica, otro gran éxito de Putin. Por ahora, va ganando la guerra, pero veremos qué pasa.
Fuente : Aurora Digital
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