Diciembre 01, 2021
Sucot – Fiesta del agua y del amor a la Tierra de Israel
Sucá en Kfar Etzyon, Gush Etzyon – Foto: Wikipedia – CC BY 2.0
Rabino Yerahmiel Barylka
La relación del pueblo de Israel con su tierra se mantuvo firme durante los años del exilio pese a que estuvo lejos de ella. Y ello fue posible, por el compromiso guardado con Israel y la esperanza de regreso nunca perdida.
Uno de los instrumentos que sirvió para mantener viva esa relación fue el calendario que, con sus festividades, nos unió al ceremonial del Gran Templo y parte del ritual mantenido sin interrupción a través del tiempo y la geografía.
Sucot, la fiesta de la cosecha o de las cabañas, celebra la terminación del ciclo agrícola con la vendimia y la cosecha de aceitunas, y quien puede, reside en las sucot, muy frágiles pabellones cuyas paredes y su techo son quebrantables. Así recuerda su vida nómade en el desierto a la salida de la esclavitud (Vaykrá 23: 34-43; Devarim 16: 13-15).
En Sucot, el Etrog (fruto de cidra), Lulav (fronda de palmera datilera) Hadas (rama de mirto) y Aravá (rama de sauce) – son las cuatro especies que el pueblo une y agita ceremonialmente en la Sucá, o en la sinagoga. Los conocemos desde niños y sabemos distinguir cuál de los cuatro se destaca por su excelente sabor y fragancia, cuál no tiene fragancia o no tiene sabor y cuál no tiene ninguna de esas virtudes, representando a todos los estratos del pueblo.
La Torá nos prescribe en Vaykrá, capítulo 23 versículo 40: «El primer día tomaréis frutos de los mejores árboles, ramos de palmeras, ramas de árboles frondosos y sauces de río y os regocijaréis ante .A. tu Dios por siete días».
Los comentarios del siglo I a.e.c., comenzaron a identificar las especies señaladas en Vaykrá como plantas específicas: palmera datilera, sauce, cidra y mirto. En este momento, el Etrog (cidra) se estableció en la tradición de Sucot, tanto en textos relevantes como en representaciones visuales y apareció junto con el sauce, en monedas de la Gran Revuelta que se libró entre los años 66 y 73, así como en monedas de la revuelta de Bar Kojba (132-136). Debe notarse, sin embargo, que mientras que el mirto, el dátil y el sauce son nativos de la región israelí, el Etrog no lo es.
El Etrog, término que no aparece en las Escrituras en las que se habla de etz hadar (árbol esplendoroso), se origina en el este de la India y el sur de China y, de hecho, es uno de los tres antepasados ​​tempranos de los árboles de cítricos que conocemos hoy en día; los otros dos son el pomelo y la mandarina. Todos los demás cítricos Los frutos se crearon a través del cruce de estas tres especies.
Un interesante descubrimiento realizado hace varios años en una excavación arqueológica en el kibutz Ramat Rajel cerca de Jerusalén, arroja luz sobre la llegada del Etrog y su cultivo temprano en Judea. Los arqueólogos de la Universidad de Tel Aviv desenterraron un jardín real ubicado en la parte delantera de un gran y magnífico palacio. Al estudiar una de las piscinas de agua de este jardín, que data de los siglos V-IV a. e. c., la Dra. Dafna Langgut pudo identificar el polen de cidra fosilizado conservado en el revestimiento de yeso de la piscina.
El polen fosilizado permitió a los investigadores determinar con precisión la composición botánica del antiguo jardín. El polen perteneció a la vegetación propia de los bosques mediterráneos, así como a árboles frutales y plantas ornamentales domesticados, entre los que se encuentran el sauce y el mirto. Algunos de los árboles identificados, como el nogal y el cedro del Líbano, no crecen en nuestra región y, al parecer, habían sido importados de lejos. Uno de ellos fue el Etrog, sin duda el hallazgo más sorprendente en el jardín real de Ramat Rajel. De hecho, esta es la evidencia arqueo-botánica más temprana del cultivo del Etrog en la Tierra de Israel específicamente, y en toda la Cuenca del Mediterráneo en general.
El Etrog se consideró una planta exótica, que sólo se encuentra en espléndidos jardines. Unos 200 años después que en el jardín de Ramat Rajel, comenzó a aparecer en los jardines de los nobles en Roma y Pompeya. Y en algún momento, probablemente alrededor del siglo I d.e.c. se estableció en la tradición judía como una de las cuatro especies que se nos ordena menear en la sucá, junto con el sauce, el mirto y la palma.
Las cuatro especies son usadas también en la ceremonia de Hoshaná Rabá durante la cual se invoca por la lluvia.
Si el significado histórico de las tres festividades de peregrinación se relaciona con el Éxodo y la experiencia del desierto, su base agrícola continúa reflejando las condiciones climáticas del propio Israel y es la matriz para el cultivo de los sentimientos nacionales.
Creemos que Dios decide quién será bendecido con lluvia en el año venidero. En su profecía Zejaria-Zacarías (14:17) articula el vínculo como un hecho. Imagina una peregrinación anual a Jerusalén por las naciones del mundo en Sucot: «Y toda nación, de cualquier parte del mundo, que se niegue a venir a Jerusalén a ofrecer homenaje al Rey, al Señor Todopoderoso, no recibirá lluvia.»
Rabí Akiva aludió a la dinámica subyacente del ritual del Templo en los tres festivales de peregrinación. La razón por la que la Torá requiere de nosotros traer gavillas de cebada en Pesaj, los primeros frutos de nuestra cosecha de trigo en Shavuot y libaciones de agua en Sucot es porque el destino de la humanidad en referencia a estos alimentos básicos de la vida se fijará en esas tres santas convocaciones (Mishná Sucá 4: 9, Tosefta Sucá 3: 18).
El Talmud propone considerar las cuatro especies del Lulav como un recordatorio gráfico de la dependencia humana del agua. Así como la palmera, el mirto, el sauce del arroyo o el Etrog no pueden prescindir del agua tampoco el mundo (Taanit 2b).
En nuestro tiempo en el que la humanidad maltrata el planeta y al afectar el clima, desestabiliza las lluvias, es buen tiempo aprovechar la festividad para poder comprometernos seriamente con el cuidado de las fuentes de agua, para que la bendición de Sucot sea realmente efectiva.
No podemos pedir por agua y al mismo tiempo, derrocharla. Sería un contrasentido.
#Aravá, #etrog, #Hadas, #lulav

La fiesta de Sucot

Octubre 02, 2020
Foto: Wikimedia - Dominio Público
Las cabañas en tiempo de aislamiento
Celebramos la fiesta que hoy comienza muy cerca del día solemne de Iom Kipur.
Sucot nos recuerda nuestro viaje de 40 años en el desierto. Es también Jag Haasif, la Fiesta de la Recolección, que celebra el “fin” o el “cambio” de curso del año agrícola, cuando la época de la cosecha llega a su fin en el hemisferio norte. Asimismo, la conocemos como Zman Simjatenu, la época de nuestra alegría. Un tema fundamental en las oraciones de esta festividad es la lluvia: los agricultores le dan las gracias a Dios por la cosecha del año presente y le ruegan que les envíe lluvias para el año venidero. Y en nuestro tiempo no sólo quienes viven directamente de la agricultura sino todos, agradecemos por el agua, elemento fundamental para nuestra existencia.
En Sucot abandonamos nuestros hogares para residir en chozas que parecen simples cabañas. Compartimos el modelo de vida de los más necesitados y encontramos en las frágiles cabañas seguridad que no tenemos en las casas de gruesos muros que no pueden protegernos de enemigos visibles e invisibles.
Fue durante ese viaje, dice nuestra tradición, cuando nuestros antepasados escaparon del sol viviendo en chozas o sucot. Estas pequeñas cabañas fueron colocadas como refugios temporales durante sus vagabundeos. Nuestros antepasados sobrevivieron al desierto durante cuarenta años, hasta que arribaron a Tierra Santa e hicieron sus casas permanentes. Como muchas veces sucede en nuestra tradición, nuestros sabios también dan más razones de la fiesta que incluyen el recuerdo por las columnas de nubes y de fuego que custodiaron a nuestros antepasados.
Sucot, es llamada "Hejag"-"El Festival" por antonomasia. En las Escrituras encontramos otro nombre para Sucot - "Jag Hashem" - la fiesta de Dios. Así de grande e importante era Sucot para nuestros antepasados y así de importante es para nosotros en Israel, donde se ven sucot en todo espacio urbano, y para nuestros hermanos en todo el mundo.
Ante la situación por la que nos encontramos por el Covid-19, no tengo duda que las sucot se reducirán en tamaño. No podemos concebir que en ese espacio tan pequeño puedan reunirse como en el pasado las familias y los invitados de manera que nadie quede excluido de la alegría de la festividad. Más que nunca, debemos igualmente encontrar la manera de no perder la alegría por los milagros que vivimos, esperando que gracias a los cuidados que tengamos, podamos reducir los efectos letales de la enfermedad y podamos normalizar nuestras vidas.
En Sucot bendecimos al lulav y al etrog. Hay un midrash muy conocido que dice que las cuatro especies representan al pueblo judío. El etrog tiene sabor y fragancia, lo cual nos recuerda que algunos judíos tienen conocimiento de la Torá y hacen buenas obras. Luego está la palma cuyo fruto es el dátil. Tiene gusto pero ninguna fragancia - como algunos hermanos, que tienen conocimiento de la Torá pero todavía están esperando para hacer buenas acciones. Completan el cuarteto de vegetales, el mirto que tiene fragancia, pero no sabor, igual que algunos que aún no han estudiado la Torá, pero que llenan sus días haciendo buenas obras y el sauce, que no tiene sabor ni fragancia, que representa a quienes aún no han estudiado la Torá ni comenzaron a hacer mitzvot, simplemente porque están esperando a hacer buenas obras.
Pero el punto real aquí es que el etrog, la palma, el mirto y el sauce están unidos. Si alguno faltare no podríamos bendecirlos ni cumplir con la obligación. No guardamos uno e ignoramos a los demás. En su lugar, unimos a todos juntos de forma en que todos los judíos están unidos. Los símbolos del etrog y del lulav nos dicen que cada uno es valioso por sí mismo y que cada uno tiene funciones diferentes.
Así el lulav tiene un relato, una historia importante, moderna, relevante que compartir, porque no sólo estamos juntos, sino que nos mantenemos altos y erguidos como parte del pueblo, orgullosos de nuestra identidad.
Así como estas ramas están unidas, cada vez que nos permitimos crear lazos con otros, somos ejemplos vivientes de los Arba Minim, las cuatro especies, porque estamos practicando un símbolo de los más antiguos y más importantes de nuestra tradición.
Y, mientras agitamos los Arba Minim hacia el norte, sur, este y oeste, y arriba y abajo, se nos recuerda que estamos juntos en todos los espacios y en todas las circunstancias, incluso las más difíciles y que cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir. Si cada uno cumple con sus obligaciones y responsabilidades, nos podremos unir más a nuestros hermanos y hermanas, las recompensas son realmente grandes.
Vamos a recolectar los frutos de esta cosecha espiritual - una verdadera canasta de abundancia que es nuestra tradición que representa nuestra vida. Sucot nos recuerda que nosotros, somos realmente una canasta de abundancia que incluye a todos y cada uno de nosotros - una canasta que siempre tiene espacio para uno más.
Jag Saméaj
Fuente : Aurora Digital

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