Febrero 24, 2024
Cada vez van quedando más claros los objetivos estratégicos de Rusia en esta guerra de agresión contra Ucrania. A continuación, los detallamos descriptivamente.
Aunque el desgaste de Rusia cada día que pasa es mayor, en términos de desprestigio internacional y de proyección global de su liderazgo, pero también en costes militares y humanos, las tácticas y métodos empleados por Rusia, así como sus acciones sobre el terreno, van dejando cada vez más meridianamente claros cuáles son los verdaderos objetivos de Moscú en esta guerra. Aniquilar económicamente a Ucrania. Está claro que Rusia pretende destruir la estructura económica de Ucrania, tal como se está comprobando con sus ataques a objetivos civiles y económicos, así como contra sus infraestructuras, de tal forma que el país tardará años en reponerse de la guerra y reconstruir lo destruido. Los ataques a las ciudades, como han hecho las fuerzas rusas en Mariúpol y Bucha, están provocando graves daños a la población civil, causando numerosas víctimas, y también a la economía de las mismas. Una Ucrania devastada, piensan los estrategas del Kremlin, será un paseo militar a la hora de controlar el Donbás e iniciar el proceso de partición del país, pero el cálculo, tal como se está viendo hasta ahora, puede resultar erróneo a tener de la numantina resistencia de los ucranianos y la llegada de importantes pertrechos militares a las fuerzas de este país.

En la nueva guerra híbrida de Rusia contra Europa, provocar una catástrofe humanitaria para desestabilizar a la Unión Europea y al continente. Para Moscú, los civiles no cuentan en esta campaña militar y los efectos colaterales, en términos humanitarios, no tienen ninguna importancia, sino más bien lo contrario: ayudan a su objetivo último que pasa por la destrucción total de Ucrania como actor internacional. Es más, es un objetivo militar de esta guerra el provocar una catástrofe humanitaria en las fronteras de Ucrania con sus vecinos para desestabilizar la región y, de paso, a la odiada Unión Europea (UE), que tendrá que dedicar ingentes fondos y recursos humanos para paliar la crisis provocada por los rusos en su acción contra Ucrania. Cuantos más civiles ucranianos salgan del país, mejor para Rusia, que así ve consumada su acción desestabilizadora más allá del territorio ucraniano ahora en guerra.
Crear un corredor territorial desde el Donbás hasta la frontera de Ucrania con Moldavia. Si observamos un mapa de la guerra en Ucrania, veremos que ahora casi todas las acciones militares rusas se producen en la zona del Donbás y alrededores. La caída de la estratégica y portuaria ciudad de Mariúpol contribuiría a crear ese gran corredor territorial que uniría al Donbás con la anexionada Crimea, para después, llegado el caso, atacar Odesa y alrededores para consumar el gran corredor desde esta región ahora en manos rusas hasta la frontera de Ucrania con Moldavia. Si este objetivo se cumpliera, no cabe duda que estaríamos ad portas de que el conflicto se extendiese más allá de Ucrania y el anhelo, por parte rusa, de unir a este corredor con la ocupada región de Transnistria en Moldavia -ahora en manos del XIV Ejército ruso- sería otro posible objetivo estratégico en esta guerra.
Controlar el mar Negro y cerrar el mar Azov a Ucrania. Desde el año 1991, en que ocurrió la implosión de la extinta Unión Soviética, Rusia ha mostrado claramente su interés por tener una salida al mar Negro y controlar militarmente un espacio que considera como suyo desde los tiempos de Catalina la Grande. Primero provocó violentamente la independencia de Abjasia, que era una región de la nueva Georgia independiente, y después reconoció la independencia de esa “república”. Los georgianos perdieron las dos guerras por intentar conquistar Abjasia, tanto en 1992 como en el 2008, y en su lugar los rusos se hicieron con el control de la misma, ocupando también la importante ciudad portuaria de Sujumi, un “balcón” estratégico ruso al mar Negro en la actualidad.

Después Rusia, en el año 2014, alentaría la independencia de Crimea para, a renglón seguido, proceder a la anexión de la misma, aprovechando el vacío de poder de Ucrania en una de sus muchas crisis políticas. Ahora, si cae Mariúpol, algo que parece solo cuestión de tiempo a tenor de la desproporción de fuerzas debido a la superioridad rusa, y se crea el corredor territorial entre el Donbás y Crimea, el mar Azov quedará definitivamente cerrado a cal y canto para los ucranianos.
La partición de Ucrania. Este un objetivo fundamental de la política exterior rusa desde el año 2014, en que se anexionó violando el derecho internacional a Crimea y provocando la secesión de los territorios del Donbás en la frontera entre Ucrania y Rusia, comenzando la guerra civil entre las fuerzas ucranianas y los separatistas de esa región. Después, siguiendo el mismo guion que el utilizado en Crimea, Rusia reconocería la independencia del Donbás antes de ocupar una buena parte de Ucrania en la actual guerra contra dicho país. El objetivo final será dotar a esta región de una suerte de reconocimiento al estilo del que gozan las ocupadas Abjasia y Osetia del Sur en Georgia, regiones financiadas, tuteladas y apadrinadas por Moscú que, aunque no gozan del reconocimiento internacional, sobreviven como entidades políticas separadas y soberanas.
Neutralizar a la periferia. Está claro que esta guerra no solamente va contra Ucrania, sino que Rusia ya ha expresado claramente su oposición a que países como Armenia, Georgia y Moldavia, las tres antiguas repúblicas ex soviéticas, pasen algún día a integrarse en la UE y la OTAN, las dos bestias negras del sátrapa de Moscú, Vladimir Putin.
En los tres casos, Rusia tiene presencia militar y así goza de capacidad de maniobra para desestabilizarlas: en Armenia desde el 2021 hay un contingente del Ejército ruso que opera como fuerza para el mantenimiento de la paz entre dicho país y Azerbaiyán en la región de Nagorno Karabah tras la humillante derrota de los armenios en una corta guerra ganada por los azeríes; Georgia fue atacada entre 1991 y 1992, tal como se explicó antes, por fuerzas secesionistas de Abjasia y Osetia del Sur, en una guerra perdida por los georgianos y que colocó a estas regiones bajo la égida de Moscú; y, finalmente, en Moldavia el XIV Ejército ruso apoyó activamente a los secesionistas de Transnistria y provocó la creación de esta entidad política no reconocida internacionalmente y separada de Moldavia. La neutralización de estos tres países, en el sentido de imponerles un veto en sus aspiraciones atlantistas y europeístas, es otro de los objetivos de Moscú en esta guerra, un objetivo que parece logrado dada la trágica experiencia ucraniana en este sentido. Nadie volverá a desafiar al oso ruso, lección aprendida para todos.
Fotos del autor: Tiflis, Chisinau, Yerevan Fuente : Ricardo Angoso Aurora Digital
Ya estamos inmersos en una nueva guerra fría, aunque algunos, como los líderes de la extrema izquierda europea, no se hayan enterado o no quieran enterarse.
Mijeíl Saakashvili – Presidente de Georgia 2004-2007 y 2008-2013 – Foto: Wikipedia – Dominio Público Ricardo Angoso Georgia, al igual que la Finlandia de ese periodo histórico, tendrá que aceptar los designios rusos en lo que respecta a sus anhelos por integrarse en la OTAN y la UE. El nuevo zar del Kremlin, Vladimir Putin, escribe a sangre y fuego las nuevas fronteras de Europa, para mayor escarnio de un Occidente que no ha sabido estar a la altura y poner coto a la agresión rusa a Ucrania.
Mientras se observa un estancamiento en la guerra de agresión y conquista de Ucrania por parte de Rusia, la tensión crece en los escenarios adyacentes al conflicto, tales como el Mar Negro, donde se concentran numerosas fuerzas de la OTAN en Rumania y Bulgaria, Moldavia -sede del XIV Ejército ruso que ocupa la “republiqueta” de Transnistria- y Georgia, ya atacada en el pasado por Moscú de una forma atroz y brutal. Todo muy al estilo del carnicero Putin, tal como le ha calificado muy oportunamente el presidente norteamericano.
El objetivo de la guerra contra Ucrania queda cada vez más meridianamente claro: la partición del país. De facto, Ucrania llevaba partida en dos desde el año 2014, cuando Moscú alentó la independencia del Donbás, región formada por las provincias ucranias de Donetsk y Lugansk, y unas milicias secesionistas apoyadas, armadas y jaleadas por Rusia declararon la guerra contra Ucrania. Ahora, con la invasión rusa, se consolida la base territorial de esa entidad política controlada por los rusos y parece que la ocupación de Ucrania tendría como objetivo militar la creación de un gran corredor entre el Donbás y Crimea, anexionada por Rusia en el año 2014. Al parecer, señala Kiev, el corredor ya está en marcha.
Georgia conoce muy bien las pretensiones neoimperiales rusas y los delirios nacionalistas del sátrapa de Moscú, Vladimir Putin. Este pequeño país, de apenas cuatro millones de habitantes y algo menos de 70.000 kilómetros cuadrados, sufrió dos guerras organizadas y planificadas por Rusia para provocar la secesión de Osetia del Sur (1991-1992) y después la de Abjasia (1992-1993) nada más independizarse Georgia, allá por al año 1991. Ambos territorios continúan desde entonces bajo la férula de Moscú.
Esta nación, enclavada entre Rusia, Turquía y Armenia, padeció lo indecible en ambas guerras. Miles de georgianos -entre 20.000 y 30.000, según las fuentes- fueron asesinados, unos 300.000 tuvieron que huir de ambos conflictos como refugiados y siguen hacinados en campos humanitarios en las peores condiciones de vida, la economía sufrió una larga y dura recesión y Georgia perdió, quizá para siempre, el 20% de su territorio.
En agosto de 2008, en una acción militar poco preparada, mal organizada y peor planificada por su inepto presidente Mijeíl Saakashvili, Georgia intentó ocupar Osetia del Sur y Rusia se involucró en el conflicto, provocando la derrota de los georgianos y casi la caída de la capital del país, Tiflis. El intento de ocupación fue un desastre total, otros 100.000 georgianos tuvieron que huir de las tierras osetias donde habían vivido durante siglos, Osetia del Sur amplió su base territorial y se produjeron miles de bajas. Nuevamente, Rusia se imponía y Georgia era humillada.
Desde ese año, ambas regiones siguen ocupadas y nada parece indicar que Rusia tenga la intención de devolver ambos territorios, sino más bien lo contrario: el mismo año de la corta guerra ruso-georgiana y ulterior derrota de Georgia, Rusia reconocía como repúblicas independientes a Abajsia y Osetia del Sur, a la que le unieron los reconocimientos por parte de Siria, Venezuela y Nicaragua, entre otras naciones. Rusia nunca abandonará estos territorios si no es por la fuerza.
Rusia lleva casi tres décadas intentando controlar el mar Negro a través de Georgia y por esto alentó la independencia de Abjasia, en 1992, y logró controlar su importante enclave portuario de Sujumi. Para Rusia, el mar Negro es su salida natural al Mediterráneo a través de los estrechos turcos del Bósforo y los Dardanelos, constituyendo también el punto de tensión entre el mundo ruso y el resto de Europa y Turquía. Ahora, si se consolida la ocupación de la costa de Ucrania sobre el mar Negro, tal como parece pretender Rusia con la finalidad de unir los territorios del Donbás a través de un corredor territorial entre dicha región y Crimea, Georgia volverá estar en el punto de mira y quizá la tensión se desplazará hacia esta pequeña república ex soviética.

LA NUEVA GUERRA FRIA
Moscú nunca permitirá que Georgia ingrese en la OTAN o en la Unión Europea (UE), tal como han sugerido algunos dirigentes de este país, y siempre ha considerado a esta nación como parte de su periferia tutelada, confiriéndole una soberanía limitada que nada tiene que ver con la verdadera independencia.
Tampoco la OTAN, tal como se ha visto en la crisis de Ucrania, va a seguir el camino de la ampliación hacia el espacio postsoviético, en tanto y cuanto nadie quiere que la confrontación con Rusia degenere en un conflicto o una guerra de inciertos resultados para todos, amenaza nuclear por medio incluida.
La nueva era que vivimos tiene un gran parecido con la Guerra Fría (1945-1991) y Putin no parece ser un líder con la suficiente capacidad, como sí lo fueron otros líderes soviéticos, para mantener un diálogo sosegado, civilizado y fructífero con Occidente, sino que su perfil autoritario y autocrático le han llevado a pensar que puede conducir su país sin tener que contar con el mundo. Todo un desastre para Rusia y para el mundo occidental, cuyas consecuencias todavía no atinamos a comprender ni a atisbar. Georgia, en este sentido, queda en tierra de nadie, finlandizada por muchos años y frenada en sus anhelos por ser parte de Europa y de la gran comunidad atlántica, otro gran éxito de Putin. Por ahora, va ganando la guerra, pero veremos qué pasa.
Fuente : Aurora Digital
Los servicios de Inteligencia de Israel cooperan estrechamente con Ucrania, mientras Kiev sigue enfrentando la invasión de Rusia y está aún interesado en aparatos avanzados de seguridad israelí como el sistema antimisiles Cúpula de Hierro o el polémico software de espionaje Pegasus.
Cupula de Hierro Foto: Portavoz del Ejército de Defensa de Israel
Los servicios de Inteligencia de Israel cooperan estrechamente con Ucrania, mientras Kiev sigue enfrentando la invasión de Rusia y está aún interesado en aparatos avanzados de seguridad israelí como el sistema antimisiles Cúpula de Hierro o el polémico software de espionaje Pegasus.
La Inteligencia ucraniana está «cooperando muy de cerca» con su contraparte israelí, aseguró Andriy Yermak, jefe de la oficina del presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, durante una videoconferencia por Zoom.
Según detalló, Kiev agradece los intentos de mediación entre Ucrania y Rusia del primer ministro israelí, Naftali Bennett, y considera Jerusalén como «uno de los lugares prioritarios» para una posible reunión entre Zelensky y el presidente ruso, Vladímir Putin.
«Ya es hora de que se realice este encuentro de presidentes. La guerra ha durado demasiado tiempo», aseguró Yermak, que agregó que espera que Israel pueda usar su influencia para facilitar un acuerdo de alto el fuego con garantías de seguridad para Ucrania.
A su vez, el principal asesor de Zelensky pidió «un apoyo mayor» hacia Ucrania de Israel, que hasta ha mantenido una postura moderada con Rusia por su acuerdo estratégico con Moscú en Oriente Medio.
Entre otras cuestiones, el Estado judío no ha aplicado sanciones a Rusia, y se ha negado a aportar armas o material defensivo a Kiev.
Israel ha rechazado desde antes de la guerra las peticiones ucranianas para adquirir el sistema antimísiles Cúpula de Hierro, que usó con efectividad el pasado mayo en la escalada bélica con los grupos terroristas islámicos que controlan Gaza, cuando interceptó gran parte de los proyectiles provenientes de la franja.
A su vez, Kiev está interesado en el software de espionaje Pegasus, de la empresa israelí NSO Group, capaz de piratear y acceder a toda la información de teléfonos móviles ajenos. El sistema sembró polémica por el uso que varios países habrían hecho de él para espiar a políticos, disidentes, defensores de derechos humanos o periodistas críticos.
«Hemos comunicado claras expectativas de que necesitamos el Sistema Cúpula de Hierro y otras armas», afirmó Yermak.
En relación a las conversaciones que Ucrania mantiene con Rusia, este aseguró que los contactos siguen siendo difíciles.
Según concretó, Rusia ha suavizado sus demandas, pero la falta de acuerdo entre ambas partes permanece en varios puntos fundamentales.
También remarcó que Kiev descarta hacer concesiones territoriales, pero matizó que está abierto a discutir sobre el Donbás o Crimea.
Fuente : Aurora Digital
EFE y Aurora
Pacífico Comunicaciones
Victor Villasante
La necesidad nacional judía es el factor influyente en la política cautelosa de Israel frente a Rusia a la luz de la guerra en Ucrania
Foto captura de pantalla de la reunión del primer ministro Naftali Bennett y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, en Sochi, Rusia, en octubre de 2021. Por Tal Beeri
Como estado judío, Israel tiene un interés claro y fundamental en mantener relaciones normales con Rusia en estos días. El interés claro y fundamental de Israel es garantizar la seguridad de unos 200.000 judíos que viven actualmente en Rusia y Ucrania. La comunidad judía en Rusia suma alrededor de 150.000 judíos, mientras que la comunidad judía en Ucrania llega a unas 40.000 almas.
Ningún país del mundo se encuentra en una situación similar a la que se encuentra Israel. Israel tiene que hacer todo lo que esté a su alcance para proteger y mantener a salvo a decenas de miles de personas que viven en Rusia y Ucrania, incluso si eso significa que el primer ministro israelí deba viajar a Moscú en medio de la crisis, reunirse con el presidente ruso y actuar como intermediario con los países occidentales y Ucrania. Como estado judío, el Estado de Israel siempre ha tratado a los judíos que viven en todo el mundo como si fueran sus propios ciudadanos que viven en el país. Por lo tanto, la conducta de Israel frente a Rusia durante la crisis por la guerra en Ucrania debe ser cautelosa.
Una conducta negligente por parte de Israel con respecto a Rusia puede afectar a las comunidades judías arraigadas en Rusia y Ucrania:
Con respecto a la comunidad judía en Rusia, existe preocupación por el posible desarrollo de una atmósfera antijudía en la opinión pública rusa o una situación en la que el gobierno ruso genere tal atmósfera como “acto de represalia”. Dada la situación, la comunidad judía en Rusia puede estar más expuesta a la actividad antisemita en su contra, lo que puede conducir a actos físicos de represalia, tales como dañar a los judíos, las instituciones judías, etc. Además, existe la preocupación de que las puertas de Rusia se cierren a los judíos y no puedan salir de Rusia. Hasta el momento, hay una tendencia creciente de judíos que desean abandonar Rusia. La razón principal de esta tendencia es la guerra en Ucrania y el miedo a lo que se avecina.
En el caso de la comunidad judía en Ucrania, hasta el momento se desconoce el destino del gobierno ucraniano. El régimen puede sufrir la transformación en un régimen bajo la influencia rusa. Existe una posibilidad perfectamente razonable de que los miembros de la comunidad judía en Ucrania (o al menos muchos de ellos) no tengan más remedio que emigrar a Israel. Una gran operación que facilite el traslado de los judíos ucranianos a Israel necesitaría la cooperación de quienes gobernarán y dominarán Ucrania. Existe una posibilidad perfectamente razonable de que en un futuro (próximo) los rusos sean los que gobiernen esencialmente a Ucrania. Hasta que se lleve a cabo tal operación de emigración, Israel querrá entregar ayuda humanitaria a las comunidades judías que viven en Ucrania, algunas ya bajo control ruso. Se necesita la cooperación rusa para tener éxito en la entrega de dicha ayuda humanitaria o llevar a cabo una operación importante que lleve a los judíos de Ucrania a Israel.
En cambio, los aspectos de seguridad relacionados con la actividad militar israelí en Siria no constituyen un motivo para que Israel siga una política cautelosa hacia Rusia y se diferencie de la conducta de Occidente contra Rusia (sanciones y envío de ayuda militar) en el contexto de la guerra en Ucrania. Preservar la política cautelosa de Israel frente a Rusia y diferenciar a Israel de la política occidental frente a Rusia es una necesidad en la que las vidas de decenas de miles de judíos dependen del “estado de ánimo” de los rusos.
*** Como potencia regional, Israel puede continuar realizando actividades militares en Siria incluso sin la coordinación con los rusos. Israel necesita establecer las reglas del juego. Puede constituir una palanca de influencia sobre los rusos y hacer que aceleren la carrera por la influencia contra Irán en Siria ***
En cuanto al aspecto de seguridad, la principal preocupación israelí es el temor de dañar a alguno de los diez mil soldados rusos que operan en el territorio sirio. A la luz de esto, se estableció un mecanismo de coordinación entre Israel y Rusia, en el que existe una “línea directa” operativa entre las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y el cuartel general ruso ubicado en la base Hmeimim al norte de Latakia, en el norte de Siria. La «línea directa» tiene como objetivo coordinar las actividades de la campa de entreguerras (CBW, por sus siglas en inglés) de Israel con los rusos. Sin embargo, es muy probable que en el pasado los rusos abusaran de la coordinación con Israel y, en algunos casos, expusieran las intenciones militares de Israel de antemano al eje radical chiíta liderado por Irán.
Israel sabe cómo comportarse militarmente en Siria, incluso sin coordinación con los rusos. Si bien requerirá esfuerzos de inteligencia adicionales para descartar la presencia rusa mientras se llevan a cabo operaciones de CBW. También requerirá una mayor gestión de riesgos. Aun así, esto es claramente posible.
Como potencia regional, es Israel quien debe establecer las reglas del juego en la región y no permitir que “actores” regionales hostiles (el eje chií radical liderado por Irán) o “actores” invitados, incluso si se los considera superpotencia (Rusia), establezcan las reglas y ecuaciones que inciden directamente en su seguridad. El Oriente Medio debe ser considerado un escenario, e Israel necesita establecer una regla central: cualquier amenaza a la seguridad de Israel, en cualquier parte del Oriente Medio, enfrentará con una respuesta independiente de Israel, y los otros «actores» deben tener esto en cuenta. Ellos son los que deben gestionar los riesgos relacionados con este dominio israelí y no al revés.
Tal política instaría a los rusos a intensificar su carrera por la influencia contra Irán en Siria, contribuyendo así a los intereses israelíes. Tal política israelí también beneficia a los países occidentales mientras enfrentan los desafíos planteados por los rusos (Ucrania), Irán (el acuerdo nuclear) y los chinos (Taiwán).
Fuente: Alma Research and Education Center AURORA DIGITAL
Pacífico Comunicaciones
Victor Villasante
Naftali Bennett durante su breve gira a Moscú y Berlín Foto: GPO vía Flickr El primer ministro israelí, Nafatí Bennett, mantuvo su ofrecimiento de mediar entre Ucrania y Rusia aunque reconoció que «la posibilidad no es alta», recién llegado de su viaje relámpago a Moscú y Berlín.
«Incluso si las posibilidades no son altas, una vez que haya una pequeña apertura, y tengamos acceso a todos los lados y la capacidad, veo que es nuestro deber moral realizar todos los intentos», declaró al inicio de la reunión semanal con su Gabinete de Gobierno.
Su oficina informó hoy de una nueva conversación telefónica con el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, la tercera en 24 horas.
«Regresé hace unas horas de Moscú y Berlín. Fui allí para ayudar en el diálogo entre todas las partes, por supuesto con la bendición y el estímulo de todos los jugadores», explicó hoy el jefe del Ejecutivo.
Bennett mantuvo ayer sábado un encuentro en Moscú de tres horas con el presidente ruso, Vladímir Putin, tras lo que viajó a Alemania para otra reunión con el canciller alemán, Olaf Scholz, en medio de los intentos por poner fin a las hostilidades.
Scholz estuvo el pasado día 2 de marzo en Jerusalén, donde ambos mandatarios analizaron la situación en Ucrania tras la invasión por parte de Rusia.
«La situación sobre el terreno no es buena, el sufrimiento humano es grande y puede ser mucho mayor, si las cosas continúan en la trayectoria actual», alertó Bennett y aseguró que seguirá «ayudando según lo solicitado».
Ucrania ha apostado abiertamente por la mediación de Israel, que mantiene buenas relaciones con las dos naciones.
Bennett ha insistido en que la posición de Israel es «mesurada y responsable» y es de los pocos países del mundo que hoy tiene comunicación directa tanto con el Kremlin como con Kiev.
Israel se coordina con Rusia para bombardear en Siria posiciones proiraníes, ataques que se han mantenido desde el inicio de la guerra en Ucrania.
«Naturalmente, no puedo entrar en detalles», reconoció hoy Bennett sobre la intensa actividad diplomática que ha asumido en los últimos días.
Este lunes, está prevista una tercera ronda de negociaciones entre Rusia y Ucrania en la frontera polaco-bielorrusa para buscar un cese de hostilidades. EFE
Fuente : Aurora Digital
Pacifico Comunicaciones
Victor Villasante

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