Diciembre 18, 2018
Foto: Anna Zvereva from Tallinn, Estonia [CC BY-SA 2.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons
Tal como lo anunciamos el pasado octubre LATAM, la gigante del transporte aéreo de América del Sur, aterrizó por primera vez en un vuelo directo desde este subcontinente hasta Israel.
El pasado 12 de diciembre la promesa de conectar en un vuelo directo a Sao Paulo (Brasil) con Tel Aviv (Israel) se hizo realidad. Luego de muchos años las rutas aéreas israelíes y sudamericanas se unirán tres veces por semana, cada domingo, martes y jueves en la ruta Santiago (Chile)-Sao Paulo-Tel Aviv.
La red de LATAM conectará los vuelos desde las principales capitales, por lo que literalmente toda Sudamérica queda conectada con Israel.
El vuelo inaugural del pasado 12, que llenó el 90% de su cupo, acogió a los primeros de los 76 mil pasajeros que la empresa tiene como meta transportar en la ruta Sudamérica-Israel en este próximo año de operación.
No en balde el Ministerio de Turismo se abocó al prometedor flujo de visitantes sudamericanos, que luego de unas 13 horas de vuelo, estarían aterrizando en el aeropuerto Ben Gurión. La campaña para atraer turistas hispanos y luso parlantes está en su apogeo. Con 146 mil turistas, ha registrando 62% de incremento en comparación con el año 2016, la región que más ha aumentado en los últimos años según oficiales del ministerio de Turismo.
Foto: Yad Vashem
Era la octava noche de Janucá en el poblado de Kiel en Alemania, donde vivían unos 500 judíos.
El rabino Akiva Posner estaba prendiendo la última vela de Janucá en su casa, frente a los cuarteles del partido Nazi en la ciudad, minutos antes de la entrada de Shabat. Ahí, en 1931, estaba la bandera nazi en una fría noche de diciembre, cuando la luz de la Janukiá desafiaba la oscuridad del odio.
La esposa del rabino Posner, Rajel, corrió y tomó una foto de la Menorá frente al edificio nazi. Luego, escribió en la parte de atrás de la foto: “Janucá, 5692 (el año judío). ‘Muerte a Judea’ dice la bandera, ‘Judea vivirá eternamente’, contesta la luminaria”.
La familia Posner abandonó Alemania en 1933 y llegó a Israel en 1934. Pero además la familia del rabino fue clave para salvar la vida de cientos de judíos: desde un comienzo advirtieron a su comunidad sobre las intenciones del régimen nazi y que debían abandonar Alemania. Finalmente solo 8 de los 500 judíos de la ciudad, murieron durante el Holocausto.
Actualmente la foto y el candelabro original están exhibidos en el Museo del Holocausto de Yad Vashem en Jerusalén. Cada año el museo devuelve el candelabro a los descendientes del rabino para que puedan utilizarla para la fiesta durante una semana.
Janucá en la Muralla de la Ciudad Vieja de Jerusalén Foto: Orilubin Wikimedia CC BY-SA 3.0
La festividad judía de Janucá, conocida también como Fiesta de las Luminarias, comenzó hoy en Israel para celebrar la recuperación del Segundo Templo de Jerusalén y un milagro que, según la tradición, hizo que al terminar la guerra contra los griegos el aceite del que tenían los judíos para un día durara ocho.
“Por eso, cada año encendemos durante ocho días una vela, para recordar ese milagro que sucedió durante la revolución de los judíos macabeos contra la tiranía de los griegos”, explicó Mali Maimon, religiosa ortodoxa y maestra de jardín de infantes en la ciudad de Holón.
La historia relata que durante el siglo II a.C., durante el gobierno de la dinastía helénica selúcida de Antíoco IV Epífanes, un movimiento de liberación judío, autodenominado macabeos -“Macabeo” era el apodo del líder, Iehuda (Judas), que significa “martillo”-, emprendió una guerra de guerrillas contra los griegos y aquellos judíos helenizados que habían prohibido sus prácticas religiosas.
Y lo que empezó como una reivindicación religiosa acabó convirtiéndose en una lucha política: los macabeos fundaron la dinastía real asmonea, proclamando la independencia judía en la Tierra de Israel durante un siglo, del año 164 al 63 a.C.
La leyenda cuenta que en el Segundo Templo, recuperado de los helénicos, fue limpiado de los iconos paganos y el aceite que debía encender el candelabro (“menorá”) un solo día lo hizo durante ocho.
“Dejando los milagros aparte, la fiesta que celebramos es realmente la historia de unos fanáticos religiosos contra otros fanáticos religiosos, pero cuando digo esto mi mujer se enfada, porque no quiere que estropee la fiesta a las niñas”, comparte Moshe V., un informático de Tel Aviv y padre de dos hijos.
“Nosotros celebramos Janucá porque es una manera de mantener la tradición, aunque no seamos religiosos: además, las ‘sufganiot’ (dulce frito con mermelada en su interior) son irresistibles, sobre todo las que hago yo, y a mí me gustaba cuando era niña”, añadió Orit Alkalai, terapeuta y madre de dos niños.
Orit explicó que sus hijos fabrican adornos que representan elementos de la fiesta, como lámparas de aceite y motivos de fuego, que penden por toda la casa.
Durante ocho días es costumbre en Israel, entre laicos y religiosos, reunirse para encender la vela del día en el candelabro llamado “janukiá”, de nueve brazos (uno por cada día y otro reservado para la vela que prende a las demás), cantar canciones y comer alimentos relacionados con el aceite. EFE y Aurora
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