Octubre 27, 2020

La fiesta de Sucot

Octubre 02, 2020
Foto: Wikimedia - Dominio Público
Las cabañas en tiempo de aislamiento
Celebramos la fiesta que hoy comienza muy cerca del día solemne de Iom Kipur.
Sucot nos recuerda nuestro viaje de 40 años en el desierto. Es también Jag Haasif, la Fiesta de la Recolección, que celebra el “fin” o el “cambio” de curso del año agrícola, cuando la época de la cosecha llega a su fin en el hemisferio norte. Asimismo, la conocemos como Zman Simjatenu, la época de nuestra alegría. Un tema fundamental en las oraciones de esta festividad es la lluvia: los agricultores le dan las gracias a Dios por la cosecha del año presente y le ruegan que les envíe lluvias para el año venidero. Y en nuestro tiempo no sólo quienes viven directamente de la agricultura sino todos, agradecemos por el agua, elemento fundamental para nuestra existencia.
En Sucot abandonamos nuestros hogares para residir en chozas que parecen simples cabañas. Compartimos el modelo de vida de los más necesitados y encontramos en las frágiles cabañas seguridad que no tenemos en las casas de gruesos muros que no pueden protegernos de enemigos visibles e invisibles.
Fue durante ese viaje, dice nuestra tradición, cuando nuestros antepasados escaparon del sol viviendo en chozas o sucot. Estas pequeñas cabañas fueron colocadas como refugios temporales durante sus vagabundeos. Nuestros antepasados sobrevivieron al desierto durante cuarenta años, hasta que arribaron a Tierra Santa e hicieron sus casas permanentes. Como muchas veces sucede en nuestra tradición, nuestros sabios también dan más razones de la fiesta que incluyen el recuerdo por las columnas de nubes y de fuego que custodiaron a nuestros antepasados.
Sucot, es llamada "Hejag"-"El Festival" por antonomasia. En las Escrituras encontramos otro nombre para Sucot - "Jag Hashem" - la fiesta de Dios. Así de grande e importante era Sucot para nuestros antepasados y así de importante es para nosotros en Israel, donde se ven sucot en todo espacio urbano, y para nuestros hermanos en todo el mundo.
Ante la situación por la que nos encontramos por el Covid-19, no tengo duda que las sucot se reducirán en tamaño. No podemos concebir que en ese espacio tan pequeño puedan reunirse como en el pasado las familias y los invitados de manera que nadie quede excluido de la alegría de la festividad. Más que nunca, debemos igualmente encontrar la manera de no perder la alegría por los milagros que vivimos, esperando que gracias a los cuidados que tengamos, podamos reducir los efectos letales de la enfermedad y podamos normalizar nuestras vidas.
En Sucot bendecimos al lulav y al etrog. Hay un midrash muy conocido que dice que las cuatro especies representan al pueblo judío. El etrog tiene sabor y fragancia, lo cual nos recuerda que algunos judíos tienen conocimiento de la Torá y hacen buenas obras. Luego está la palma cuyo fruto es el dátil. Tiene gusto pero ninguna fragancia - como algunos hermanos, que tienen conocimiento de la Torá pero todavía están esperando para hacer buenas acciones. Completan el cuarteto de vegetales, el mirto que tiene fragancia, pero no sabor, igual que algunos que aún no han estudiado la Torá, pero que llenan sus días haciendo buenas obras y el sauce, que no tiene sabor ni fragancia, que representa a quienes aún no han estudiado la Torá ni comenzaron a hacer mitzvot, simplemente porque están esperando a hacer buenas obras.
Pero el punto real aquí es que el etrog, la palma, el mirto y el sauce están unidos. Si alguno faltare no podríamos bendecirlos ni cumplir con la obligación. No guardamos uno e ignoramos a los demás. En su lugar, unimos a todos juntos de forma en que todos los judíos están unidos. Los símbolos del etrog y del lulav nos dicen que cada uno es valioso por sí mismo y que cada uno tiene funciones diferentes.
Así el lulav tiene un relato, una historia importante, moderna, relevante que compartir, porque no sólo estamos juntos, sino que nos mantenemos altos y erguidos como parte del pueblo, orgullosos de nuestra identidad.
Así como estas ramas están unidas, cada vez que nos permitimos crear lazos con otros, somos ejemplos vivientes de los Arba Minim, las cuatro especies, porque estamos practicando un símbolo de los más antiguos y más importantes de nuestra tradición.
Y, mientras agitamos los Arba Minim hacia el norte, sur, este y oeste, y arriba y abajo, se nos recuerda que estamos juntos en todos los espacios y en todas las circunstancias, incluso las más difíciles y que cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir. Si cada uno cumple con sus obligaciones y responsabilidades, nos podremos unir más a nuestros hermanos y hermanas, las recompensas son realmente grandes.
Vamos a recolectar los frutos de esta cosecha espiritual - una verdadera canasta de abundancia que es nuestra tradición que representa nuestra vida. Sucot nos recuerda que nosotros, somos realmente una canasta de abundancia que incluye a todos y cada uno de nosotros - una canasta que siempre tiene espacio para uno más.
Jag Saméaj
Fuente : Aurora Digital
Camiones militares egipcios cruzan un puente tendido sobre el Canal de Suez el 7 de octubre de 1973, durante la Guerra de Yom Kipur, Foto: CIA vía Flickr Dominio Público

Dos mensajes continúan resonando en la víspera del aniversario de la Guerra de Yom Kipur. Uno se refiere a la gravedad de la falla de inteligencia en ese momento, y el otro promete que se han aprendido las lecciones correctas y que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) están ahora preparadas para cualquier escenario. Cuando la falla se describe como esencialmente la falta de una advertencia de inteligencia, es fácil prometer que ha sido diagnosticada y remediada de una manera que previene su futura recurrencia. Pero una mirada en profundidad a la guerra muestra que las razones del fiasco fueron mucho más allá de la falla de inteligencia.
Desde el comienzo de la guerra de Yom Kippur, un énfasis exagerado en la falla de inteligencia sirvió a los altos mandos de las FDI. Permitió negar y encubrir las numerosas deficiencias que se revelaron en la preparación general del ejército para la guerra, sobre todo una visión sistémica errónea de las limitaciones políticas y los cambios que se habían producido en los teatros de combate.
Al analizar las limitaciones políticas, el Estado Mayor debería haber identificado la tensión entre su deseo de un ataque preventivo y las circunstancias políticas que hicieron que tal movimiento fuera casi imposible. En su lugar, una fijación conceptual condujo a graves deficiencias tanto en los planes operativos como en la acumulación de fuerzas. Como resultado, las fuerzas aéreas y terrestres se desplegaron al estallar las hostilidades en una postura defensiva defectuosa.
Cuando cesaron los combates, era conveniente que todos creyeran que si solo se hubiera dado una advertencia previa y el orden de batalla de las FDI se hubiera movilizado dos o tres días antes, los primeros días de la guerra habrían transcurrido de manera diferente. Eso puede haber sido cierto con respecto al frente sirio, pero no en lo que respecta al frente egipcio, donde el presidente Anwar Sadat había instigado un revolucionario cambio estratégico en el enfoque de la guerra y el papel de la ofensiva.
Cuando transcurrió todo el alcance de la debacle de las FDI tras unos días de combates, su liderazgo militar se había hecho añicos. La doctrina operativa y los métodos de combate de las FDI, tanto en el aire como en tierra, resultaron inadecuados para los innovadores movimientos de Egipto. Al enfrentarse a un avance de infantería masivo plagado de misiles antitanques y sin una cobertura de artillería adecuada, las fuerzas blindadas israelíes perdieron el impulso aplastante de la ofensiva mecanizada. Contra las baterías antiaéreas de Egipto con sus sofisticados misiles, la fuerza aérea de Israel perdió su superioridad y efectividad operativa.
En su libro At the Center of Gravity, el general de división (res.) Jackie Even, quien sirvió en la guerra como subcomandante de la división de Ariel Sharon, cuenta la crisis inducida por los fallidos contraataques del 8 y 9 de octubre. Las ramificaciones de este fracaso fueron mucho más allá de aquellos producidos por una sorpresa de la inteligencia. El relato de Even indica que incluso si se hubiera transmitido una advertencia de inteligencia a tiempo y las fuerzas de las FDI se hubieran desplegado en el frente del Sinaí de antemano con un orden de batalla completamente planificado, la lucha inicial podría no haber ido mejor y podría haber ido aún peor.
Un nuevo estudio de la División Histórica del Estado Mayor se centra en la responsabilidad del general Motti Hod por sus fracasos durante la guerra, este había ejecutado la brillante táctica aérea de 1967 y retuvo el mando de la fuerza aérea israelí hasta mayo de 1973. Los planes operativos de la fuerza aérea ignoraron los importantes cambios que se habían producido en Egipto. El denso despliegue de baterías egipcias de misiles tierra-aire a lo largo del frente del Canal de Suez desde la Guerra de Desgaste (1969-70) debería haber provocado un replanteamiento de las exageradas expectativas de que la fuerza aérea podría ayudar a repeler una futura ofensiva egipcia. Tal replanteamiento no se produjo.
En una evaluación de la situación, el 19 de abril de 1973, el Jefe de Estado Mayor David Elazar le preguntó a Hod qué medidas de precaución deberían tomarse para disuadir al enemigo de lanzar una guerra. La respuesta de Hod fue: "Aprovechar la ventaja que se encuentra en la fuerza aérea ... eso nos dará tanta disuasión como queramos. Entonces podemos cubrir como un paraguas la escasez de tanques en el Sinaí ... La fuerza aérea puede detener durante 24 horas cualquier cabeza de playa que establezcan".
Hasta el día de hoy, las FDI y el sistema de defensa no han considerado todos los factores que prepararon el escenario para el fracaso al comienzo de la guerra. El historiador Yoav Gelber sostuvo recientemente que la falla de inteligencia involucró no solo la falta de una advertencia anticipada sobre la inminente guerra, sino también el hecho de que "Israel no sabía que había perdido su poder disuasorio". Este punto de vista tipifica la dependencia excesiva de la noción de disuasión, una expectativa vana que hasta la fecha continúa atormentando el pensamiento estratégico israelí.
En realidad, fue precisamente la conciencia de Sadat acerca del poder de la disuasión israelí lo que lo llevó a elaborar un plan diferente para la guerra. Muy consciente de la inferioridad del ejército egipcio en comparación con las fuerzas aéreas y blindadas de Israel, ajustó creativamente su estrategia de guerra a las limitaciones básicas de su ejército. Fue aquí donde se produjo el cambio estratégico: a saber, cuando Sadat se dio cuenta de que Egipto no podía recuperar la península del Sinaí mediante una ofensiva total y optó por un objetivo limitado que estaba al alcance de las fuerzas armadas egipcias. Ese objetivo era socavar el concepto de seguridad israelí al instigar un empuje que produciría una nueva realidad.
Al no haber identificado este cambio radical en el pensamiento estratégico del presidente egipcio, el liderazgo militar israelí no fue menos responsable, que el cuerpo de inteligencia, por el catastrófico comienzo de la guerra.
Dar una advertencia anticipada sobre una guerra inminente implica mucho más que encontrar una “golden piece of evidence” [prueba de oro] sobre si estallará una guerra y cuándo. No es menos importante comprender la lógica estratégica de la guerra, así como su posible naturaleza y métodos, y prepararse en consecuencia. En el verano de 1973, tanto el Estado Mayor de las FDI, como el establishment político, fracasaron en todas estas tareas.
A raíz de la guerra de Yom Kippur, las FDI se tranquilizaron con la idea de que se había diagnosticado la fuente de la falla y, al igual que con una falla mecánica, una vez que se hubieran hecho las correcciones necesarias, los asuntos de seguridad del país volverían a estar seguros. Pero una perspectiva profesional diferente, una que adopta una visión más completa para determinar las causas del fracaso, presenta una imagen preocupante de la realidad de 1973 (y una que la mentalidad israelí actual puede encontrar virtualmente imposible de digerir). Desde ese punto de vista, un fracaso sistémico de la magnitud de la que experimentó Israel en la guerra de Yom Kippur ciertamente podría repetirse a pesar de los esfuerzos de las FDI por rectificarlo.
Fuente: BESA Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos
El General de División (res.) Gershon Hacohen es investigador senior en el Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos-BESA. Sirvió en las FDI durante 42 años. Mandó tropas en batallas con Egipto y Siria. Anteriormente fue comandante de cuerpo y comandante de los Colegios Militares de las FDI.
Benjamín Netanyahu Foto: Amos ben Gershom GPO vía Facebook

Las fiestas del calendario judío en Israel, pero en especial la celebración del Año Nuevo y de Iom Kipur (el Día del Perdón), están siempre envueltas en un clima de tranquilidad, de serenidad y de recogimiento, que se acentúa por la escasa (o nula) circulación de vehículos y del cierre de toda actividad y que imprimen a esos días un carácter ceremonial especial, aún para aquellas numerosas personas alejados de los rituales que acompañan a esas fechas.
Este año no es una excepción, aunque estas fechas estén marcadas por la pandemia del Coronavirus y el clima de serenidad y de recogimiento en la celebración de estas fiestas está fuertemente influenciado por las directivas de encierro y aislamiento dictadas por las autoridades (quizás será más correcto decir “balbuceadas” por las autoridades, porque pocas veces unas directivas gubernamentales han tenido -y siguen teniendo- tantas idas y vueltas). Pero este año, a diferencia de lo que estamos acostumbrados, ese clima de recogimiento, de tranquilidad y de seguridad, lejos de ser el preludio de un retorno gozoso a la actividad cotidiana, se parece más bien a la calma que precede a la tormenta. Y no sabemos qué tormentas esperar y cómo prepararnos para ellas.
Porque ese es el ambiente que se ha ido creando, más allá de la pandemia y más acá de las dudosas directivas que se han ido acumulando (y contradiciéndose una y otra vez). Porque la orgullosa sociedad que en abril se jactaba de atravesar la pandemia prácticamente incólume y ofrecía consejos al resto del mundo, se encuentra hoy desorientada, enojada, descreída y por sobre todo carente -o al menos así parece- de una perspectiva clara de futuro. Y es que junto con la pandemia, cuyos impactos sanitarios pero también económicos y sociales compartimos con el resto del mundo, nos encontramos caminando por la cuerda floja de un sistema que se proclama democrático pero que aprovecha todas las naturales imperfecciones de ese sistema para ir demoliendo sus bases de sustentación.
Así, el titular del Poder Ejecutivo, nuestro Primer Ministro durante los últimos 11 años (y aspira a más), es un maestro en el arte de aprovechar las oportunidades que presentan las estructuras legales para mantenerse en el poder, pese a los juicios penales a los que está sujeto, y un experto en la manipulación de la verdad, cuyos matices explota sabiamente. Pero no está solo en eso; cuenta con una base que parece aceptar ciegamente sus ataques al Poder Judicial y a todas aquellas instituciones que le molestan (y a las personas que las representan), y que está dispuesta a enfrentarse con quien sea. De hecho, es cada vez mayor la sensación de que un enfrentamiento civil interno es una posibilidad de ninguna manera descartable, y tanto la militancia del llamado “partido de los asentamientos” como la aureola ascendente de Naftali Bennet y sus seguidores -ambos portadores de una visión mesiánica que coexiste, curiosamente, con la de la “start up nation”- contribuyen a esa sensación.
En este contexto se hizo público el anuncio del establecimiento de relaciones -diplomáticas, económicas, culturales, de seguridad- entre Israel y la Unión de Emiratos Arabes (UEA), a lo que luego se agregó un acuerdo similar con Bahrain, otra nación árabe del Golfo Pérsico, gracias a los buenos oficios de los EEUU (pero seguramente motivados sobre todo por el interés de los EEUU por mostrar éxitos en el ámbito externo antes de las elecciones norteamericanas el próximo noviembre). Pero aun reconociendo la eventual importancia de estos acuerdos (en Israel sólo manifestaron su amargura los colonos de los asentamientos y Bennet y sus seguidores, cuya visión mesiánica los lleva a deplorar que no se haya aprovechado la oportunidad para anexar los territorios ocupados), es preciso reconocer que la opinión pública no ha salido tumultuosamente a festejarlos. Es más; el episodio de la frustrada intención del Primer Ministro de alquilar un avión particular para llevarlo a él y a su familia a la ceremonia de la firma de los acuerdos en Washington, tuvo en su momento tanta o más cobertura que los propios acuerdos.
Y es que el ambiente que caracteriza en estos días a la población es difícil de definir, aunque no se caracteriza por una disciplinada respuesta a las directivas gubernamentales que -es necesario repetirlo una y otra vez- no se destacan por su coherencia. Cómo repercutirá ese ambiente sobre la evolución de la pandemia, por un lado, y sobre sus efectos económicos y sociales, por el otro, constituye hasta ahora una incógnita. Pero las estimaciones sobre desempleo y caídas en la actividad económica que hace públicas el Banco de Israel apuntan hacia la gravedad de la situación, al mismo tiempo que destacan cómo la repercusión es mayor en los sectores de menores ingresos (ver al efecto la exposición del director del Dpto. de Investigaciones Económicas del Banco de Israel, Michael Strawczynski, en el Foro Macroeconómico de la Universidad Bar Ilán, el 17 de septiembre).
Ciertamente, el gobierno ha tomado medidas para paliar estas situaciones, y ha dispuesto aumentos en los recursos destinados a mantener en lo posible los puestos de trabajo y subsidios a la desocupación. Pero una muestra de la desconfianza generalizada que existe sobre la forma en que el gobierno maneja esos recursos, podría encontrarse en un comentario del presidente del Banco de Israel, en su intervención en la reunión de Gabinete del 21 de septiembre.
En esa ocasión, y haciendo referencia a los gastos votados en el marco del combate a la crisis económica suscitada a raíz de la pandemia, señaló que: “la experiencia desde el comienzo de la crisis muestra que el costo actual de algunos de los programas que han sido aprobados hasta ahora -en especial en el área de apoyo a empresas- ha sido menor de lo que se había presupuestado. La responsabilidad por la determinación de los costos esperados de los varios programas es del Ministerio de Hacienda, pero es importante, si resulta más adelante que los costos de los programas existentes y los presentados hoy son menores que lo esperado, que los montos sobrantes no sean asignados a otros propósitos sin una discusión en profundidad. Por su naturaleza, para las redes de seguridad se asignan recursos para cubrir riesgos que no necesariamente llegan a concretarse, y en la medida que ello ocurre, debemos actuar con prudencia con los recursos que no son utilizados.” A buen entendedor, pocas palabras bastan para vincular esta advertencia con la práctica, cada vez más generalizada en esta Administración, de asignar recursos para satisfacer intereses particulares más que en beneficio de toda población, saltándose los controles que todo proceso democrático requiere.
De todo esto comienza a tomar conciencia una parte cada vez mayor de la sociedad. Las manifestaciones en Jerusalén, en Cesárea, en los principales puentes y cruces del país, son un reflejo de ello; su persistencia abre esperanzas en esta sociedad hoy desorientada, enojada, descreída. Quizás no haya mejor deseo que éste en el nuevo año que comienza.
jFuente : Aurora Digital
Por Benito Roitman
Saeed Khatibzadeh Foto Tasnim News Agency CC BY 4.0
El Ministerio de Exteriores de Irán acusó este jueves a Arabia Saudita de "distorsionar" la realidad para no rendir cuentas por sus crímenes y de cometer "errores de cálculo que han impuesto un alto precio a la región".
Así respondió Irán al discurso del rey saudita, Salman Bin Abdulaziz, en la Asamblea General de la ONU, en el que abogó por "una posición internacional firme ante el intento del régimen iraní de hacerse con armas de destrucción masiva, interferir en los asuntos internos de otros países y patrocinar el terrorismo".
El portavoz de Exteriores de Irán, Saeed Khatibzadeh, rechazó estas acusaciones del rey saudita como "infundadas" y rebatió que es Riad quien aplica "una política de juego de culpas para distorsionar la realidad y no rendir cuentas por sus crímenes".
Khatibzadeh denunció en un comunicado que Arabia Saudita es "la base y el lugar de nacimiento de las ideologías de los grupos terroristas takfiri (extremistas suníes) y el principal apoyo financiero y logístico del terrorismo en la región".
"El apoyo del régimen saudita a la política fallida de Estados Unidos de 'máxima presión' contra Irán y sus intentos de ampliar las relaciones con el régimen sionista usurpador de Israel (...) no solo no han logrado producir ningún resultado para Arabia Saudita sino que la han convertido en una criatura humillada entre los países árabes", subrayó.
Sobre el conflicto en el Yemen, en el que Riad y Teherán respaldan a bandos opuestos, el portavoz criticó que las palabras del rey saudita son "delirantes" y una forma de "eludir la responsabilidad por los crímenes de guerra que ha cometido contra las mujeres y los niños yemeníes".
Bin Abdulaziz acusó en su discurso de ayer a Teherán de apoyar "el golpe de estado" contra el presidente Abdo Rabu Mansur Hadi con su respaldo al grupo rebelde de los hutíes.
El portavoz de Exteriores iraní defendió que la política de su país es impulsar "el diálogo en la región" y promocionar las relaciones con todos los países vecinos".
Arabia Saudita e Irán, las potencias suní y chií que compiten por tener una mayor influencia en Oriente Medio, se responsabilizan con frecuencia de ser el origen de las crisis en la región y de patrocinar el terrorismo. EFE
Mike Pompeo y Abdel Fattah al Burhan Foto: Alsanosi Ali Departamento de Estados de EE.UU. vía Flickr Dominio Público

Funcionarios de Sudán, Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos mantendrán una decisiva reunión el lunes, en Abu Dabi, sobre la posibilidad de que el país africano normalice relaciones con Israel, señala un reporte del portal de noticias Axios, que cita fuentes sudanesas.
El informe añade que, si Washington y Abu Dabi logran satisfacer los pedidos de asistencia económica de Jartum; dentro de pocos días podría anunciarse un acuerdo de paz similar al que selló Israel con Emiratos y con Bahréin.
Axios destaca que Sudán pide más de 3.000 millones de dólares en asistencia humanitaria y ayuda directa presupuestaria para responder a la crisis económica y las consecuencias devastadoras de las recientes inundaciones. Además, Jartum requiere un compromiso de Estados Unidos y Emiratos de ayuda económica para Sudán durante los próximos tres años, agrega el reporte.
En febrero pasado, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, se reunió con el presidente del Consejo Soberano de Sudán, teniente general Abdel Fattah al Burhan en Uganda, y ambos países siguieron discutiendo la posibilidad de normalizar las relaciones a través de canales discretos.
Sudán aún debe pagar 300 millones de dólares en concepto de indemnización a las familias de los ciudadanos estadounidenses asesinados en los ataques terroristas contra embajadas de Estados Unidos en África en 1998 y contra el buque USS Cole en el año 2000.
A su vez, Sudán reclama a Estados Unidos que lo quite de su lista de países que patrocinan el terrorismo y apruebe un proyecto de ley en el Congreso que le brindaría inmunidad contra futuras demandas en los tribunales norteamericanos.
El secretario de Estado, Mike Pompeo, cree que la normalización de relaciones entre Sudán e Israel convencerá a los legisladores demócratas y republicanos para que apoyen, a mediados de octubre, el proyecto de ley.
Burham tiene previsto encontrarse el lunes, en Abu Dabi, con el príncipe heredero, jeque Mohammed bin Zayed, para discutir un posible acuerdo de normalización con Israel a cambio de la asistencia económica de Estados Unidos y Emiratos, sugiere Axios.
En los márgenes del encuentro, funcionarios de primera línea de Estados Unidos, Sudán y Emiratos discutirán los detalles del posible arreglo, precisa el reporte.

Pacífico Comunicaciones
Victor Villasante

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