Octubre 24, 2020
Saeed Khatibzadeh Foto Tasnim News Agency CC BY 4.0
El Ministerio de Exteriores de Irán acusó este jueves a Arabia Saudita de "distorsionar" la realidad para no rendir cuentas por sus crímenes y de cometer "errores de cálculo que han impuesto un alto precio a la región".
Así respondió Irán al discurso del rey saudita, Salman Bin Abdulaziz, en la Asamblea General de la ONU, en el que abogó por "una posición internacional firme ante el intento del régimen iraní de hacerse con armas de destrucción masiva, interferir en los asuntos internos de otros países y patrocinar el terrorismo".
El portavoz de Exteriores de Irán, Saeed Khatibzadeh, rechazó estas acusaciones del rey saudita como "infundadas" y rebatió que es Riad quien aplica "una política de juego de culpas para distorsionar la realidad y no rendir cuentas por sus crímenes".
Khatibzadeh denunció en un comunicado que Arabia Saudita es "la base y el lugar de nacimiento de las ideologías de los grupos terroristas takfiri (extremistas suníes) y el principal apoyo financiero y logístico del terrorismo en la región".
"El apoyo del régimen saudita a la política fallida de Estados Unidos de 'máxima presión' contra Irán y sus intentos de ampliar las relaciones con el régimen sionista usurpador de Israel (...) no solo no han logrado producir ningún resultado para Arabia Saudita sino que la han convertido en una criatura humillada entre los países árabes", subrayó.
Sobre el conflicto en el Yemen, en el que Riad y Teherán respaldan a bandos opuestos, el portavoz criticó que las palabras del rey saudita son "delirantes" y una forma de "eludir la responsabilidad por los crímenes de guerra que ha cometido contra las mujeres y los niños yemeníes".
Bin Abdulaziz acusó en su discurso de ayer a Teherán de apoyar "el golpe de estado" contra el presidente Abdo Rabu Mansur Hadi con su respaldo al grupo rebelde de los hutíes.
El portavoz de Exteriores iraní defendió que la política de su país es impulsar "el diálogo en la región" y promocionar las relaciones con todos los países vecinos".
Arabia Saudita e Irán, las potencias suní y chií que compiten por tener una mayor influencia en Oriente Medio, se responsabilizan con frecuencia de ser el origen de las crisis en la región y de patrocinar el terrorismo. EFE
Central nuclear de Bushehr en Irán Foto: REUTERS/Raheb Homavandi A security official stands in front of the Bushehr nuclear reactor, 1,200 km (746 miles) south of Tehran, August 21, 2010. Iran began fuelling its first nuclear power plant on Saturday, a potent symbol of its growing regional sway and rejection of international sanctions designed to prevent it building a nuclear bomb. REUTERS/Raheb Homavandi (IRAN - Tags: POLITICS ENERGY) Muchos factores contribuyeron al acuerdo de paz entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, pero parece que el principal contribuyente fue la firme posición de Israel contra el programa nuclear de Irán y su expansión militar en la región.

Tras la revolución de Jomeini en 1979 el desarrollo de armas nucleares se convirtió en el proyecto insignia de Irán. Este esfuerzo tenía inicialmente la intención de crear un terror disuasivo de cara al proyecto iraquí de armas nucleares, pero incluso después de la derrota de Irak en la Guerra del Golfo de 1991 y el derrocamiento del régimen de Saddam Hussein (2003), Teherán continuó desarrollando armas nucleares como un medio para lograr sus ambiciones imperialistas en el Medio Oriente y más allá.
Desde sus inicios, el régimen de los ayatolás ha apodado Estados Unidos e Israel, que tenían estrechos vínculos con el régimen del depuesto shá, como "Gran Satán" y "Pequeño Satán", respectivamente. Con excepción de la administración Obama, Washington y Jerusalén han cooperado durante mucho tiempo en el esfuerzo por frustrar las ambiciones nucleares y los designios imperialistas de Irán en la región.
Los Estados del Golfo árabe, por su parte, están preocupados por el régimen islamista de Teherán, que ha tratado repetidamente de socavar sus regímenes y que codicia sus vastos campos de petróleo y gas. El 12 de mayo de 2019, por ejemplo, cuatro buques mercantes fueron saboteados cuando atracaron en las aguas territoriales de EAU. Aunque Irán se abstuvo de asumir la responsabilidad, el incidente recibió una amplia cobertura en los medios de comunicación iraníes, que afirmaron que entre siete y diez petroleros, incluidos los barcos de propiedad saudí, sufrieron graves daños en el ataque. Aproximadamente un mes después dos petroleros fueron atacados en el Golfo de Omán.
Luego, el 14 de septiembre, los campos petrolíferos sauditas fueron atacados por vehículos aéreos no tripulados y misiles de crucero, un asalto que, según Riyadh, provocó una caída del 50% en su producción de petróleo y sacudió el mercado energético mundial. Aunque la milicia huti de Teherán se atribuyó la responsabilidad del ataque, fuentes occidentales creen que se llevó a cabo desde territorio iraní. Otra fuente de preocupación son los intentos de Irán de tomar el control del Golfo Pérsico, que los ponen en conflicto directo con Estados Unidos.
Estos hechos recuerdan un poco a la ocupación de Kuwait por Irak en agosto de 1990, después de que acusó al emirato de robar petróleo de campos en el sur de Irak. Y aunque el ejército iraquí fue expulsado de Kuwait a principios de 1991 por una coalición internacional liderada por Estados Unidos, hay pocas dudas de que, si acaso el programa de armas nucleares de Irak se hubiera materializado en ese momento, la historia habría sido muy diferente. Del mismo modo, no hay duda de que la adquisición de armas nucleares por parte del régimen islamista en Teherán tendría consecuencias de gran alcance en Medio Oriente y más allá.
Sin embargo, no fue solo la amenaza nuclear iraní lo que llevó a EAU a un acuerdo de paz con Israel. Aunque el ejército del emirato es considerado la cuarta fuerza más poderosa de la región, tanto en términos de su doctrina de guerra, que adquirió en EE. UU., Gran Bretaña y Francia, como en el armamento a su disposición, Emiratos Árabes Unidos (y el resto de las monarquías del Golfo) consideran Israel una potencia regional militar y tecnológica, cuya ayuda y apoyo deben procurarse.
Para Israel, el acuerdo es un avance de gran importancia estratégica que también contiene un enorme potencial económico. También puede llevar muy pronto a abrir la paz con Omán y Bahrein. Para la administración Trump, que negoció el acuerdo, es un logro histórico de política exterior, de particular valor en un año electoral. También se ajusta a la política de Washington de posicionar Israel como un factor estratégico estabilizador en el Medio Oriente.
No hay duda de que el acuerdo es un duro golpe para el régimen de Teherán. Es el último de una serie de reveses, desde el colapso económico, debido a las sanciones estadounidenses y la pandemia del coronavirus, pasando por las misteriosas explosiones en instalaciones estratégicas en territorio iraní, hasta la explosión masiva en el puerto de Beirut, que podría tener consecuencias adversas de gran alcance para su apoderado, Hezbolá.
Fuente: BESA Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos
El teniente coronel (res.) Dr. Raphael Ofek, es investigador asociado del Centro BESA, es experto en el campo de la física y la tecnología nucleares que se desempeñó como analista senior en la comunidad de inteligencia israelí.

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Victor Villasante
Explosión en Parchin Foto: Fars News Agency CC BY 4.0

Tres incidentes, entre ellos dos explosiones en instalaciones nucleares, sacudieron a Irán en los últimos días. ¿Hay una relación entre sí? ¿Fueron ocasionados por un accidente o por causas externas? Si esto último fuera así, ¿fue provocado por un ciberataque? ¿Y cuáles serán las repercusiones domésticas e internacionales?
En la madrugada del 26 de junio una enorme explosión en el complejo militar de Parchín estremeció a Teherán, a unos 30 kilómetros al sudeste de la capital iraní. Algunos medios de comunicación le adjudicaron la explosión al rol de Parchín en el desarrollo de armas nucleares. Esto se reafirmó cuando los archivos secretos de investigación nuclear de Irán fueron llevados clandestinamente a Israel y luego revelados en 2018. La elección de Parchín como sitio para realizar los experimentos nucleares probablemente se deba a que allí se fabricaba artilleria pesada, explosivos, y combustible sólido para cohetes.
Desde 2012, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) le solicitó a las autoridades iraníes permiso para que sus inspectores recorran Parchín tras enterarse de la actividad nuclear en sus instalaciones. El pedido fue rechazado. Los iraníes luego demolieron los edificios en donde la actividad sospechosa supuestamente se habría realizado y hasta arrasaron por completo el área circundante.
En septiembre de 2015, luego de firmar el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), Teherán finalmente le permitió a los inspectores del OIEA a recorrer el área y a tomar muestras del suelo. Aunque el régimen sanitizó el lugar a fondo, se encontraron partículas de uranio antropogénicas (procesadas por el hombre) que solo se podrían haber generado durante las explosiones “de prueba en frío” de dispositivos nucleares.
Desde entonces, hasta donde se sabe, no ha habido actividad nuclear en Parchín. Por lo tanto, es probable que la explosión del 26 de junio haya sido una detonación de explosivos y/o de combustible sólido para cohetes. De acuerdo con las imágenes satelitales y el testimonio de los testigos, el impacto del estallido se extendió a una distancia de unos 800 metros, una zona conectada con varios túneles subterráneos.
El área en cuestión pertenece a la planta Khojir, que produce combustibles sólidos para cohetes Fajr, misiles de crucero, y el misil balístico Sajil de 2.000 millas (3.200 kilómetros) de Irán. Un vocero del Ministerio de Defensa iraní minimizó la importancia del incidente y afirmó que un tanque de gas industrial había explotado sin dejar víctimas fatales.
Cinco días después hubo otro estallido, esta vez en la clínica del Centro de Salud de Sinai Athar al norte de Teherán. Esta explosión, que destruyó la clínica por completo, mató al menos 19 personas, la mayoría de ellas mujeres. Conforme a las autoridades iraníes, el desastre se originó a causa de un derrame de tanques de oxígeno.
Al día siguiente se desató un incendio en la planta principal de enriquecimiento de uranio de Irán en Natanz (blanco fijado por el gusano informático de Stuxnet en 2011). Tal como en incidentes anteriores, el régimen le restó importancia a la magnitud de los daños en Natanz. El vocero de la Organización de Energía Atómica en Irán, Behruz Kamalvandi, declaró que se produjo un incendio en “un galpón industrial en construcción” y agregó que no hubo víctimas ni contaminación ambiental.
Sin embargo, los expertos estadounidenses sostienen que las imágenes satelitales identificaron la estructura dañada con un taller en donde se producían centrífugadoras para enriquecimiento de uranio de última generación. Contrariamente a las declaraciones de Irán de que no hubo más que un incendio, la imagen de la estructura dañada que expuso el Organismo Iraní de Energía Atómica muestra escombros y una puerta sin las bisagras, lo que indica que el incendio probablemente estuvo acompañado de una explosión.
Si bien el estallido en la clínica seguramente fue un accidente, los medios internacionales en general suponen que Israel y los Estados Unidos ocasionaron los otros dos incidentes, posiblemente como parte de una continua ciberguerra contra Irán. Existen varias razones por las que este podría ser el caso: el ciberataque fallido iraní sobre Israel en abril, que pretendía aumentar la cantidad de cloro en la infraestructura del agua de Israel para envenenar o enfermar masivamente a los civiles israelíes (a lo que Israel presuntamente respondió con un ciberataque en el puerto iraní de Bandar Abbas); el avance significativo de Irán en el desarrollo de centrífugadoras para enriquecimiento de uranio y la producción de cantidades de uranio enriquecido en contravención al acuerdo nuclear de 2015; y los enfrentamientos entre los Estados Unidos e Irán en el Golfo de Pérsico. También se ha especulado que Estados Unidos ha tomado represalias con estos ataques al ver que el Consejo de Seguridad no impuso el embargo de armas sobre Irán.
De todos modos, estos incidentes tuvieron lugar en un momento particularmente inoportuno para el régimen de Teherán, que está lidiando con un colapso económico y una profunda devaluación monetaria debido a las sanciones impuestas por EE.UU.; la pandemia del Coronavirus, que está causando estragos en el pueblo iraní; y los fracasos militares iraníes versus las Fuerzas de Defensa de Israel en Siria.
Fuente: BESA – Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos
* El Teniente Coronel (Res.) Dr. Raphael Ofek, Investigador Asociado del Centro BESA, es un experto en el campo de la física y tecnología nuclear y se desempeñó como analista superior en el comunidad de inteligencia israelí.

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Victor Villasante
Soldados iraníes montan guardia con una ametralladora antiaérea en la instalación de enriquecimiento de uranio de Natanz Foto archivo: REUTERS/Raheb Homavandi
La Agencia de Energía Atómica de Irán (AEAI) ha reconocido que la instalación nuclear de Natanz sufrió "pérdidas financieras significativas" en un reciente accidente, cuyas causas han sido identificadas pero no se han revelado por razones de seguridad, y ha añadido que no causó víctimas.
El portavoz de la AEAI, Behruz Kamalvandí, informó de que "muchos equipos de medición e instrumentos de precisión fueron destruidos en el accidente", según una entrevista publicada por la agencia oficial IRNA.
Esta destrucción "puede retrasar a medio plazo el desarrollo y la producción de centrifugadoras avanzadas", que Irán ya empezó a instalar y poner en marcha en Natanz, incumpliendo uno de sus compromisos del acuerdo nuclear de 2015, añadió el portavoz.
El accidente ocurrió el pasado jueves, cuando Kamalvandí explicó que se había visto afectado "uno de los cobertizos en construcción en el área abierta de Natanz".
Este suceso no causó víctimas ni interrumpió las actividades en curso en la planta de enriquecimiento de uranio ni provocó contaminación radioactiva, según la AEAI.
El complejo nuclear Shahid Ahmadi Roshan de Natanz dispone de unos 100.000 metros cuadrados y está construido en gran parte ocho metros bajo tierra en la localidad del mismo nombre, situada en el centro de Irán.
Es uno de los sitios que está siendo monitoreado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en virtud del acuerdo firmado en 2015 entre Irán y seis grandes potencias, que limita el programa atómico iraní a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales.
En respuesta a la retirada de EE.UU. del pacto y a sus sanciones, Irán ha dejado de cumplir la mayoría de sus compromisos y ha puesto en marcha por ejemplo centrifugadoras IR-6 avanzadas en Natanz y ha superado los límites al enriquecimiento de uranio.
Aunque lo sucedido el pasado jueves puede ralentizar parte de estos planes, Kamalvandí adelantó que van a reconstruir el lugar dañado y "tendrá más capacidad que antes".
Sobre las causas, el portavoz se limitó a decir que el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán ya "está al tanto" de las mismas.
"Debido a algunas consideraciones de seguridad, la causa y la forma de este accidente se anunciarán en el momento adecuado", expresó Kamalvandi, después de que algunas voces apuntaran a un supuesto ataque cibernético o sabotaje perpetrado por Israel o EE.UU. EFE

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Aviones F-35 israelíes Foto ilustración: Portavoz militar

Israel fue el autor de dos misteriosas explosiones en Irán: una vinculada a una planta de enriquecimiento de uranio y la otra relacionada con una instalación subterránea de producción de misiles, durante la última semana.
Así lo sugiere un reporte del diario kuwaití Al Jareeda que cita a una “alta fuente de seguridad” sin precisar el país ni el servicio de seguridad para el que trabaja.
El periódico afirma que el viernes pasado aviones de combate sigilosos F-35 israelíes bombardearon un sitio en el área de Parchin que se cree que alberga un complejo subterráneo en el que se desarrollan y producen misiles balísticos.
El rotativo aclara que los aviones alcanzaron su objetivo sin reabastecerse en los países árabes del Golfo.
El jueves por la madrugada, se desató un incendio y luego una explosión en un edificio que los analistas creen que podría ser probablemente una nueva planta para la producción de centrifugadoras.
Se trata de una infraestructura que está sobre el nivel del suelo. La central atómica de Natanz, situada a 250 kilómetros al sur de Teherán incluye instalaciones subterráneas construidas bajo una espesa capa de 7,6 metros de hormigón armado que le brinda protección frente a eventuales ataques aéreos.
Al Jareeda asevera que el fuego desatado en la central nuclear de Natanz en la madrugada del jueves fue provocado por un ciberataque israelí que tenía como objetivo los controles de compresión de gas, y añade que la explosión provocó una grieta en la infraestructura del reactor.
El ataque tuvo presuntamente como blanco el stock de gas de hexafluoruro de uranio (UF6), un componente clave en el proceso de enriquecimiento de uranio para el combustible del reactor y para la fabricación de armas nucleares.
El supuesto ataque habría hecho perder a Irán el 80 por ciento de sus reservas de UF6, apunta el diario, lo que ralentiza considerablemente el ambicioso programa de enriquecimiento de Teherán.
La fuente estima que el incidente retrasará en aproximadamente dos meses el programa de enriquecimiento de uranio de Irán.
La versión oficial de las autoridades iraníes sostiene que el “incidente” en Natanz habría ocurrido en un depósito en construcción que sufrió daños menores y que está siendo investigado.
Las autoridades israelíes se han abstenido de referirse a estos reportes.

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